Información sobre vivienda y economía

Por qué las familias españolas han roto la tradición y cada vez invierten menos en depósitos

Laa familias españolas están dando la espalda a la tradición: invertir los ahorros en depósitos bancarios. Cada vez tienen un perfil de inversión menos conservador y están dispuestas a sacrificar seguridad a cambio de conseguir una rentabilidad mayor.

El primer punto de inflexión llegó en los peores momentos de la crisis, cuando las decisiones del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero empezaron a hacer mella en su rentabilidad. 

En 2011, la entonces ministra de Economía, Elena Salgado, quiso poner fin a la guerra del pasivo que libraban los bancos al ofrecer intereses muy elevados para captar todo el dinero y los depositantes posibles en un momento en el que la liquidez escaseaba en el mercado. La fórmula para acabar con la 'lucha' fue penalizar a las entidades que excedieran los límites establecidos con mayores aportaciones al Fondo de Garantía de Depósitos (FGD). El Gobierno de Mariano Rajoy derogó poco después la medida, aunque meses más tarde el Banco de España fijó nuevos límites de rentabilidad.

A estos recortes se sumó con el paso de los años el efecto de arrastre que han tenido los tipos de interés en la eurozona, situados actualmente en mínimos históricos, y las medidas que ha tomado el Banco Central Europeo (BCE) en los últimos años para impulsar la economía y la inflación. Por ejemplo, el precio del dinero lleva desde primavera de 2016 en el mínimo histórico del 0,0%, mientras que desde verano de 2014 también existe un interés el conocido como ‘tipo de interés de la facilidad de depósito’, que obliga a la banca a asumir una penalización por tener el dinero parado. Actualmente deben pagar un 0,4% de interés.

Así, en menos de un lustro, las rentabilidades de estos productos han pasado de situarse por encima del 2% en el plazo a más de dos años a estancarse en torno al 0,1%, según los datos del Banco de España. Teniendo en cuenta todos los plazos, el tipo medio ponderado actual se mantiene estable en el 0,07%. En 2013 estaba en el 1,5%. En ese tiempo hemos pasado de liderar la remuneración en Europa a ser uno de los países más rezagados.

La caída de la remuneración de estos productos ha tenido un reflejo directo en la rentabilidad media del saldo vivo del dinero que hay en estos productos, que actualmente se encuentra en torno al 0,15%, mientras que hace un lustro superaba el 2%.

A medida que ha ido mermando el interés de los depósitos con el paso de los años, también ha ido reduciéndose el dinero que las familias invertido en ellos a plazo fijo, aunque no sucede lo mismo con las cuentas a la vista.

En concreto, el dinero depositado en los bancos batió récord en junio al superar los 796.000 millones de euros. Solo en el primer semestre del año, el volumen se ha incrementado en algo más de 20.000 millones de euros. Pero estas cifras tienen truco: incluyen tanto el dinero depositado a plazo fijo como el que hay en cuentas a la vista, que permiten retirar el dinero en cualquier momento.

“Si los depósitos han subido no es precisamente gracias a los plazos fijos, que llevan años reduciendo su saldo, sino gracias a las cuentas a la vista que están viviendo su momento de gloria. Parece que los españoles están migrando el dinero que antes rentabilizaban en los plazos fijos a las cuentas corrientes porque, aunque tengan una rentabilidad inferior o nula en la mayoría de los casos, tienen más disponibilidad. Al fin y al cabo, conseguir una retribución inferior a la inflación y tener el dinero inmovilizado, es lógico que muchas familias prefieran las cuentas que son más flexibles y encima tienen ventajas como rentabilidades promocionales, tarjetas gratis...”, explican desde el comparador HelpMyCash.

De hecho, los depósitos a plazo fijo no están pasando por su mejor racha. Actualmente hay cerca de 178.360 millones de euros en depósitos a plazo, 16.800 millones menos que en diciembre y menos de la mitad que entre 2012 y 2014. En cambio, el dinero en cuentas a la vista está de récord: se acerca ya a los 600.000 millones de euros, duplicando la cifra de 2013.

Y la cifra del volumen a plazos podría seguir cayendo próximamente, algo que no descarta la propia patronal bancaria española. “Es razonable esperar que las familias que diversifiquen su riqueza financiera en otros activos que ofrezcan una mayor rentabilidad”, aclara José Luis Martínez Campuzano, portavoz de la Asociación Española de Banca (AEB).

Fondos y vivienda entran en juego

Dentro de esa apuesta por la diversificación, los fondos de inversión están entre los productos que está ganando más impulso en los últimos tiempos. Tanto es así que su patrimonio bajo gestión se encuentra en máximos: según los datos de la patronal Inverco, que en los últimos tres meses han superado los 270.000 millones de euros. En junio han batido récord de 272.105 millones de euros. En cambio, hace cinco años, cuando los depósitos ofrecían unos rendimientos más altos, el patrimonio de los fondos se encontraba entre 150.000 y 160.000 millones de euros.

“En la actualidad, los depósitos han perdido terreno frente a los fondos porque la rentabilidad de estos últimos es generalmente más competitiva”, subraya Santiago Carbó, Director de Estudios Financieros de Funcas y Catedrático de Economía de CUNEF.

Con la vivienda sucede algo similar: está creciendo el interés como alternativa de inversión, sobre todo si tenemos en cuenta que la rentabilidad bruta de comprar una casa para ponerla en alquiler se acerca ya al 8%. Según el último informe de idealista [empresa editora de news], en el segundo trimestre del año la rentabilidad de la inversión en vivienda se situó en el 7,8%, ganando cinco décimas en 12 meses. No obstante, los activos inmobiliarios más rentables fueron una vez más los locales comerciales (9,2%), seguidos de las oficinas (8,3%).

¿Significa esto que los depósitos perderán fuelle en el futuro? No tiene por qué. De hecho, 2019 se perfila como un año decisivo para las inversiones. Si no hay cambios de última hora, en la segunda mitad del año que viene el Banco Central Europeo (BCE) no quedará rastro del programa extraordinario de compra de deuda (QE) y empezará a subir los tipos de interés y a dejar de penalizar los depósitos bancarios.  

“Los movimientos que se producirán entre productos de ahorro con el cambio de política monetaria son una de las principales claves para el negocio financiero en Europa. La expectativa es que, si suben los tipos, se traslade más ahorro hacia imposiciones a plazo fijo y, por lo tanto, aumenten las cuentas de ahorro. Lo que ocurre es que las subidas serán graduales y pueden tardar aún en notarse. Por otro lado, la canalización de ese ahorro va a depender de que la economía europea siga pujante (ha perdido algo de fuelle, aunque sigue siendo un crecimiento notable) y de que el endeudamiento (cuyo coste subirá) no dañe a ese ahorro también”, aclara Carbó.

Lo mismo opinan en HelpMyCash, que insisten en que “lo lógico sería pensar que los depósitos se vean afectados para bien con las medidas del Banco Central Europeo, pero la pregunta es cuándo y de qué manera. Lo más probable es que la rentabilidad de los depósitos aumente de forma discreta y progresiva, por lo que no será posible ver a corto plazo unas rentabilidades como las que disfrutábamos hace unos años”.