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Si Cervantes viviese hoy perdería la pensión por publicar un libro después de jubilado

Autor: Carlos Salas (colaborador de idealista news)

Todos vosotros me conocéis: me llamo Miguel de Cervantes. Soy el autor de Don Quijote de la Mancha. Publiqué este libro hace algunos años y se convirtió pronto en un best seller. Hoy recibí una carta. Quiero contar su contenido.

A vosotros, lectores, os gustó tanto la primera parte de Don Quijote que me demandasteis una segunda parte. La escribí. Creo que es mejor que la primera. Mucho mejor. No os voy a contar e final porque no me gusta arruinar las tramas, pero ahora os voy a decir algo que os va a sentar mal. No voy a publicar la segunda parte. Todo por culpa de la pensión.

Voy a explicar por qué.

No sé si sabréis que los escritores también tenemos derecho a jubilarnos y a cobrar una pensión. Muchos de mis colegas ya lo han hecho. Pensaréis que este negocio le hace rico a uno. Bueno, a algunos sí. Pero a la mayoría no. No voy a señalar.

Durante nuestra vida laboral, mientras escribimos, pagamos nuestras cotizaciones a la Seguridad Social para tener una jubilación digna. Yo tuve suerte, como digo, con el Quijote, y gané algo de dinero. Menos de lo que debería porque me piratearon la edición y luego la vi en formato e book por internet.

Como tenía muchas deudas, pagué las que pude e hice lo que hace todo el mundo cuando le cae algo de dinero: me compré una casa nueva en el centro de Madrid, y traté de mejorar mi tren de vida que hasta entonces era más bien un triciclo.

Eso fue hace unos diez años.

Ahora tengo 68 años. Me jubilé como todo el mundo, a los 65. Llevo ya tres años viviendo de mi pensión y de la renta de mis libros.

Hace poco recibí una carta del Ministerio de Empleo. Me exigía que devolviera la pensión de esos tres años porque no podía estar cobrando una pensión y trabajando al mismo tiempo como escritor. Se refiere a que desde que cumplí los 65 y me jubilé también escribí ‘Novelas Ejemplares’ y ‘Comedias y Entremeses’.

Además, seguí cobrando por los derechos de autor de Don Quijote, tanto lo que se vendía en España como en el resto del mundo. Y aquí vienen mis dudas: ¿cómo es posible que un creador no pueda seguir creando y cobrando una pensión? ¿Es que piensan los inspectores que somos más creativos cuantas más penurias pasemos?

No ha habido manera de convencer a los inspectores de Trabajo. Me obligaron a tomar una decisión. Si decido seguir publicando libros, tengo que renunciar a mi pensión. Si decido cobrar mi pensión, ya no puedo crear nada literario. O pensión o creación, me dijo el inspector.

Mi espíritu es débil y a mis 68 años tengo puesto un pie en el estribo de la muerte. Estoy cansado, tengo indicios de diabetes, me quedan seis dientes y ninguno de ellos se encuentra en su camino con otros dientes. Llevo algo de joroba y me cuesta caminar.

Así que he decidido cobrar mi pensión y olvidar a Don Quijote. No habrá segunda parte. Esta misma mañana he echado al fuego las copias de la segunda parte del caballero andante. Supongo que me sabréis perdonar pues este anciano agotado, sin pelo y con una pelusilla en la barbilla que en un tiempo fue dorada, ya no tiene fuerzas para más andanzas. Ahora solo espero un dorado retiro en Benidorm, leyendo novelas de otros autores. Nunca más cogeré la pluma.