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La realidad del empleo temporal en España en un solo vistazo

La recuperación de la economía española todavía no ha logrado terminar con uno de los problemas más importantes del mercado laboral: el empleo temporal.

Sin embargo, no siempre se hace una lectura fiel de los datos. Bien es cierto que apenas 10 de cada 100 nuevos contratos que se firman cada mes son indefinidos, aunque también que la situación actual es mejor que la que vivimos antes de que estallara la crisis. Para comprobarlo, basta repasar qué dicen las cifras oficiales.

Las voces más críticas sobre la materia tienen razón cuando dicen que los nuevos puestos de trabajo que está creando España son en su inmensa mayoría temporales. Según los datos del Ministerio de Empleo, en agosto se firmaron 1,42 millones de contratos eventuales, que llegaron a representar el 92,5% del total. Una proporción que se ha venido repitiendo en los últimos años.

Sin embargo, también aciertan quienes aseguran que el mercado laboral doméstico siempre ha registrado una elevada tasa de temporalidad. De hecho, entre 2002 y principios de 2008, considerados unos años dorados para la economía española, había menos trabajadores indefinidos que ahora.

Basándonos en los datos del INE, el 26,8% de todos los asalariados en España tiene un contrato de trabajo temporal. En 2002 la tasa era seis puntos porcentuales superior (32%), mientras que el máximo histórico se sitúa en el 34,5%, una cota que se alcanzó en dos ocasiones: el tercer trimestre de 2005 y el tercer trimestre de 2006.

Fue en primavera de 2008 cuando, por primera vez, la tasa de temporalidad logró bajar del 30% y estuvo cayendo de forma constante hasta marcar a principios de 2013 su nivel más bajo (21,9%). Desde entonces, la tasa ha ido subiendo y bajando hasta estabilizarse por encima del 25%. Así, la cifra actual es la segunda más alta que se ha registrado desde que estalló la crisis (en el tercer trimestre de 2016 llegó a instalarse en el 27%).

Una ‘odiosa’ comparativa internacional

A pesar de que no todo tiempo pasado fue mejor para el mercado laboral, lo cierto es que la temporalidad en España afecta a muchos más trabajadores que en Europa y la OCDE. De hecho, somos el segundo país rico con la tasa de empleo temporal más elevada, solo por detrás de Polonia. Nuestro 26% registrado al cierre de 2016 prácticamente duplica a la media de la UE (14,2%) y de la eurozona (15,6%), y está lejos de las grandes potencias mundiales.

En Alemania el porcentaje ronda el 13,2%, mientras que en Francia se sitúa en el 16,1% y en Reino Unido, en el 6%. En Japón la tasa está en el 7,2%, frente al 13,3% de Canadá. La OCDE no recoge datos de EEUU desde 2005, aunque por aquel entonces solo el 4,2% de los trabajadores eran temporales. La media actual del G-7 se sitúa en el 8%.

Según los datos de Eurostat, hasta cinco países europeos registraron una tasa de empleo temporal inferior al 5% en 2016: Bulgaria (4,1%), Estonia (3,7%), Letonia (3,7%), Lituania (2%) y Rumanía (1,4%).

La cara y la cruz de la temporalidad

Son muchos los expertos que se niegan a utilizar el concepto de temporalidad como sinónimo de precariedad laboral y defienden la existencia de los contratos eventuales para casos muy concretos.

“Dentro del entorno actual y con una tasa de paro que ronda el 18%, cualquier oportunidad de empleo que esté dentro de la legalidad me parece positiva. Debemos huir del ataque permanente a la temporalidad, porque es necesaria en un país como España. Hay miles de empresas que tienen picos de actividad y apuestan por ese tipo de contratos. Por ejemplo, ampliar los camareros para la celebración de una boda o el número de trabajadores en una estación de peaje para cubrir una operación retorno”, explica Luis Pérez, director de relaciones institucionales de Randstad.

Sin embargo, también advierte de que hay una gran bolsa de fraude ligada al empleo temporal y pide una legislación más contundente para acabar con la economía sumergida que se genera a su alrededor.

Su teoría también la comparte Manuel Alejandro Hidalgo, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Pablo Olavide de Sevilla, quien insiste en que “la tasa de temporalidad actual no responde a nuestra estructura productiva, porque en la industria química o automovilística, que están mucho menos expuestas a campañas puntuales, la temporalidad es más elevada que en Alemania o en Francia. La gente tiene muchas dificultades para encontrar un empleo fijo y vamos directos a recuperar la tasa del 30% que vimos en el pasado”.

En su opinión, muchas empresas en nuestro país han apostado por realizar contratos temporales por el mero hecho de que los despidos de los trabajadores eventuales son gratis, a sabiendas de que el trabajo debía ser considerado como un empleo indefinido. El problema, según Hidalgo, es que es muy complicado aflorar fraudes de este tipo, sobre todo si tenemos en cuenta que cada mes se firman entre 1,5 y 2 millones de nuevos contratos. “Es imposible controlarlo, porque para eso se necesitarían miles de funcionarios”, insiste.

Por ello, y a pesar de que no hay una única solución, el profesor apuesta por actualizar la reforma laboral para reducir la brecha del coste del despido entre un trabajador fijo y uno temporal y, así, desincentivar su uso. Desde Randstad también apuestan por simplificar los modelos de contratación para hacerlos más flexibles y huir del sistema actual de altas y bajas de la Seguridad Social. “Por ejemplo, en otros países se congela la cotización”, concluye Pérez.