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El modernismo, en obras: mapa interactivo de la renovación arquitectónica de Barcelona

Es al nacer cuando uno es más vulnerable. Ya en edad adulta construye poco a poco su identidad hasta alcanzar su máximo esplendor. Pero si las leyes de la naturaleza no fallan, progresivamente irá perdiendo capacidades y se irá debilitando para alejarse de épocas exultantes. Y no notará el deterioro del paso del tiempo hasta que no se compare con los más jóvenes.

Las ciudades se construyen con las mismas leyes que rigen la vida humana y, como la piel al hombre, su historia se resume en sus edificios. Los arquitectos llevan el pasado al futuro. Con solo alzar la barbilla y contemplar, uno descubre en su presente las épocas pasadas de la ciudad. El poder de las clases ricas, las guerras, las revoluciones, el valor de lo estético o de lo funcional, todo ello se mezcla al ir paseando por las calles conociendo los edificios y monumentos más emblemáticos de cada ciudad.

Los edificios más significativos, por eso, son patrimonio histórico y artístico urbano. Pero también envejecen. Algunos habrá que derribarlos para dar paso a las nuevas estéticas, pero muchos otros necesitarán ser rescatados de su propio desgaste, protegerlos y cuidarlos para delegar a las futuras generaciones el pasado del lugar donde viven. 

Barcelona, aparte de mar, una luz relajada y un ambiente cosmopolita, es un museo al aire libre. Para que sus edificios sigan contando sus 2.000 años de historia, deberán protegerse y rehabilitarse de forma que sigan siendo testimonio de su evolución. Más allá de vivir un acontecimiento histórico como lo fueron la Exposición Internacional de 1929 o las Olimpiadas del 92, una ciudad como Barcelona, con más de 8 millones de turistas al año, debe velar por su imagen y no aparentar nunca ser una ciudad senil.

Bien sea por recuperar sus señas de identidad o bien sea para sacar rédito del turismo, he aquí seis edificios históricos de Barcelona, en su mayoría ahora de propiedad privada, que están siendo reformados o han pasado un proceso de rehabilitación para dar un nuevo aspecto a esos lugares que destilan la memoria de la ciudad.

Casa Burés

Casa Burés
Wikimedia commons

Los grandes apellidos de la burguesía catalana van unidos a los años dorados de la industria textil en Cataluña. La dinastia de los Burés se remonta a principios del siglo XIX, pero el imperio se asentó con la tercera generación. Se trasladaron de Manresa a Barcelona, donde emerge su nueva clase social y mudan allí también la sede de la empresa, marca de las sábanas 'El Burrito Blanco'

La casa debía representar su posición económica y poderosa. Sin ser arquitecto, Francesc Berenguer ideó un palacio modernista con tintes germánicos que rezumara la fortuna de los Burés. Un impresionante oso de mármol agarrado una farola de oro daba la bienvenida en la escalinata principal, pero lo sorprendente estaba a levantar la vista y deslumbrarse con la cristalera de la cúpula. Alberga el ascensor que hoy es el más antiguo en funcionamiento de la ciudad. Una de las joyas de la corona fue la sala de juegos para niños, la sala Hansel y Gretel, donde una chimenea de piedra representa la escena del cuento.

La propiedad de este tesoro del modernismo ha ido pasando por diferentes manos, privadas y públicas. Incluso le gustó a Jaume Balagueró como escenario de su película Darkness. Como todo lo atractivo provoca los deseos más irracionales, la casa arrastra una historia de saqueos y pérdidas en sus años de deterioro que el Ayuntamiento quiso frenar en 2007 pagando 26 millones para hacer de la casa un museo. Un año más tarde, la Generalitat pagó la misma cantidad y se adjudicó su gestión. Pero finalmente, tras cuatro subastas fallidas, se la otorgó al fondo de inversión Europa Capital.

Ahora está en plena transformación para tener listo en otoño de este año unos espectaculares pisos de lujo en el centro de la ciudad. Han retirado las principales joyas mientras restauran su interior y las volverán a incorporar al finalizar las obras. Según ha contado el propietario a idealista/news, durante el proceso de reforma y de investigación sobre el interior del edificio, han sido capaces de localizar muebles y elementos que iban a ser vendidos por una casa de subastas y los han recuperado. La inmobiliaria Lucas Fox está gestionando la promoción de las futuras viviendas. Futbolistas, cantantes o empresarios de otros países podrían ser los nuevos huéspedes de este irresistible caramelo de la historia de la ciudad. Volver al mapa.

Casa Vicens

Casa Vicens
Casa Vicens

Cabe preguntarse si cuando Antoni Gaudí recibió su primer gran encargo, a sus 26 años, visionaría el legado que dejó a Barcelona. La Casa Vicens, declarada Patrimonio de la Humanidad, se construyó a las afueras de la ciudad, en la villa de Gracia. Junto a El Capricho de Comillas, fueron las primeras obras que dieron paso a un estilo nuevo: el modernismo. La casa se levantaba en unos terrenos heredados de la madre del agente de bolsa, adosado a un convento pero con espacio suficiente para disponer de un amplio y frondoso jardín.

La villa residencial proyectaba ya lo que continuó desprendiendo Gaudí en sus siguientes obras: adaptar el lenguaje de la naturaleza a la vida privada. Gaudí puso en esta casa toda su creatividad y perfeccionismo. La casa se diseñó con líneas rectas, pero entrelazaba su gusto por estilos arquitectónicos orientales con los revestimientos de baldosines y los vidriados. Observar la casa Vicens es como entender una vida desde su minuto cero. Al poco, Gaudí despegó. El inicio de las obras de Casa Vicens coinciden con el arranque de otro encargo para el arquitecto, el de un templo expiatorio: la Sagrada Familia.

En 1899, después de morir el señor Vicens, su viuda, Dolors Giralt, puso a la venta la finca. La compró la familia Jover que dio la primera gran rehabilitación a la casa por el arquitecto Serra Martínez. Mantuvieron la propiedad hasta que en 2007 su última generación, los Herrero Jover, puso la casa en venta por 35 millones. Los poderes pasaron al banco andorrano Morabanc en 2014 por una cantidad inferior a la anunciada. La entidad bancaria inició entonces una remodelación que esperan dar por finalizada este próximo otoño. Los exuberantes jardines ya no existen, pero la casa pasará a ser un museoVolver al mapa.

Casa Joan Serra

Casa Joan Serra

A mediados del siglo XIX la Rambla se convirtió en un paseo lleno de vida transitado por la burguesía. Fue en los mismos años que se levantó el Gran Teatro del Liceu, unos números más abajo que la Casa Joan Serra. El paseo fue escenario y pasarela de las familias adineradas y poderosas de la ciudad. Igualmente, siempre lugar de mezclas, se distinguía por las boinas a la clase trabajadora y por los sombreros de copa a los ricos. Sirvió tanto como escaparate de la aristrocracia como punto para citar movimientos revolucionarios.

La casa fue ideada por uno de los arquitectos contratados para el proyecto de la Sagrada Familia, Francisco de Paula Villar. Fue el artífice de la cripta del templo, con claro estilo neogótico, y el mismo estilo que trasladó al encargo de la Rambla dels Estudis. Aún abundaban los pisos estrechos y humildes en las Ramblas y una casa de estas dimensiones era un dulce. La tribuna que preside la primera y segunda planta de la fachada y las barrocas balconadas ya fueron renovadas en 1925 por primera vez. Fue la misma época en que el edificio albergó la sede de dos diarios, “Las Noticias” y “El Correo Catalán”. Pero en 1945 llegó su inquilino más longevo, el hotel Montecarlo.

Disponer de 50 habitaciones en una localización inmejorable de la ciudad, pleno corazón, era un éxito asegurado. Así lo fue durante 70 años. Pero en 2015 la familia de hoteleros dueña del inmueble decidió venderlo. KKH Property Investors pagó 20 millones de euros por la casa. Con la firma de la compra quedó en el aire si el futuro de la casa sería mantener el hotel o abrir un nuevo establecimiento. En septiembre de 2016 solicitó la licencia de obras para rehabilitar el edificio y, por su ubicación estratégica, los actuales propietarios han explicado a idealista/news que esperan darle salida, quizá, como flagship de alguna gran firma de modaVolver al mapa.

Palau Castell de Pons

Palau Castell de Pons

Se desconoce la fecha exacta de construcción de la casa, pero por la arquitectura neoclásica se intuye mitad del siglo XIX. Antoni Castell de Pons, abogado de profesión, fue diputado por el Partido Conservador en la etapa de Cánovas del Castillo al mando del gobierno español. En su etapa como político le era más cómodo trasladar su residencia de Esparreguera a Barcelona y encargó la obra a Miquel Bosch.

La singularidad del edificio se esconde dentro. Los techos de los espacios nobles aún conservan unas pinturas sobre tela cuya autoría atribuyen al pintor Pau Rigalt. Desde 1827 y hasta hace un año formaban parte del decorado de la bombonería más antigua de la ciudad, la centenaria Fargas, cuando el edificio aún pertenecía al orden de Sant Joan de Déu. La bombonería ocupaba los bajos de la esquina y, a un lado, tenía la filatelia Monge desde 1904 y, al otro lado, la charcutería La Pineda desde 1930. También fue sede del Círculo Artístico Sant Lluc pero fueron los primeros en irse, en 2009.

Desde 2013 el edificio es propiedad de la inmobiliaria Casacuberta, especializada en la recuperación de edificios emblemáticos y céntricos. Los nuevos dueños decidieron reformar el inmueble para transformarlo en unas galerías comerciales.

Los inquilinos de los bajos, la filatelia, la chocolatería y la charcutería, tuvieron que negociar un nuevo contrato de arrendamiento. La filatelia Monge marchó a un piso de la misma calle, la bombonería Fargas consiguió un local del edificio anexo al palacete donde se ha llevado, como un caracol, toda la casa a cuestas y la ha encajado en su nueva ubicación. La única que resistió fue la charcutería, la más antigua de la ciudad, y ahí seguirá con sus mismos taburetes y la misma caja fuerte de hace casi un siglo. Y el resto, desde el pasado diciembre, lo ocupa una firma italiana de ropa low cost. Volver al mapa.

Park Güell

Park Güell
Wikimedia commons

La K de Park se debe a los viajes de Eusebi Güell en Gran Bretaña. Viviendo allí, visitó ciudades como Leicester, Letchwork o Hampstead, y descubrió cómo el arquitecto y pintor William Morris naturalizaba los jardines en las residencias y vida de los ingleses. Se llevó la idea en la maleta, y la trajo a Barcelona para trabajarla con su arquitecto obsesionado con la naturaleza. Cómo poder crear un pulmón verde cerca de Barcelona donde, además, fuera residencia privada para alojar a las familias acomodadas.

Compró 15 hectáreas de un terreno a las afueras de la ciudad para materializar su proyecto: unas sesenta casas unifamiliares en grandes patios ajardinados. El resultado final fue un parque con dos grandes pabellones, una sala hipóstila con inspiración helénica y un mirador en forma de ondas que se mimetiza con el mar de fondo. 

De toda la promoción inmobiliaria que debía albergar el parque, solo tres familias vivieron en él: los Güell, el propio Gaudí y el doctor Trias. La familia de este último aún vive allí. Los Güell vendieron su parte al Ayuntamiento de la ciudad en 1922 y desde 1923 el parque es público. En 2013 el gobierno de Xavier Trias (CiU) puso en marcha el acceso discriminatorio en el parque con la intención de que se revirtiera para las mejoras del parque. Con el dinero recaudado de las entradas, el actual gobierno municipal puso en marcha siete proyectos para rehabilitarlo y esperan que finalicen las obras a principios de 2019. Volver al mapa.

Casa Pascual i Pons

Casa Pascual i Pons

Las 32 farolas-banco de Paseo de Gracia se encendieron por primera vez el 21 de diciembre de 1906. La exhibición de caballos dio relevo a los primeros automóviles. Justo un año antes, se mudaban al gran paseo las familias Pascual y Pons. Isidra Pons i Serra encargó las dos casas: en una viviría ella con su marido, Sebastián Pascual de Bofarull, uno de los fundadores del Banco de Barcelona, y en la otra casa el hermano de Isidra, Alejandro, hijo de los fundadores de Banco Hispano Colonial.

La burguesía encontró en el poder inmobiliario el escenario para lucir su posición social. Las casas servían para mostrar y ser observadas. Normalmente, el dueño vivía en la planta noble, el principal, y el resto de pisos se alquilaban, siendo el ático siempre el de menos valor. La carencia de ascensores desprestigiaba subir escaleras

Los Pascual y Pons encargaron a Enric Sagnier la construcción en el chaflán del número uno de Paseo de Gracia su futura residencia. El interior se guarecía con muebles y una decoración de estilo neoclásico. Cuando la calle reunía las tiendas más exquisitas de moda catalana, el palacete de los Pascual y Pons tenía en sus bajos la camisería Comas, una de las más prestigiosas en sastrería a principios de siglo.

En 1922 vendieron las casas a varios particulares de la Sociedad Catalana de Seguros Contra Incendios a Prima Fija, conocida hoy como Catalana Occidente. Desde entonces es su propietaria y las casas han sido su sede histórica. En junio de 2016 iniciaron una rehabilitación integral de los 9.300 m2 que dispone el edificio. Contará con plantas abiertas y los mejores estándares de eficiencia energética. Para cuando finalicen las obras, en septiembre de 2019, la finca se convertirá en un nuevo edificio de oficinas en el centro de la ciudadVolver al mapa.