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Una casa modular ideal para relajarse y disfrutar de la naturaleza en pleno archipiélago de Estocolmo

Anders Berensson Architects
Anders Berensson Architects
Autor: Vicent Selva (colaborador de idealista news)

Estocolmo es una ciudad con historia. La capital de Suecia fue fundada en el siglo XIII y en poco tiempo se convirtió en una de las urbes más importantes del norte de Europa. Acorde a esa larga historia, la ciudad ofrece un sinfín de monumentos arquitectónicos y manifestaciones culturales de todas las épocas. Pero no solo eso, además, también es considerada una de las ciudades más sostenibles y respetuosas con el medioambiente del munco. Una ciudad moderna pero con tradición; urbana pero que ha sabido crear una simbiosis casi perfecta con el entorno natural, como demuestra que en 1995 en esta ciudad se estableciera el primer parque urbano nacional del mundo, el Royal City National Park.

De hecho, a muy pocos kilómetros del centro de la ciudad, frente a su costa, encontramos el archipiélago de Estocolmo. Esta maravilla natural está compuesta por más de 24.000 idílicas islas y rocosos islotes, de todos los tamaños, algunos habitados y otro no. Un lugar en el que la naturaleza agreste se mezcla con islas boscosas, acantilados rocosos y playas de arena. Muchos de estos trozos de tierra han estado habitados desde el siglo VI por pescadores y agricultores. Hoy viven allí alrededor de 10.000 personas, pero cada verano, una parte muy importante de los habitantes de la ciudad buscan disfrutar de un entorno donde reina la tranquilidad, en alguna de sus 50.000 casas de verano.

Una de ellas es la casa modular de Zartmann que Anders Berensson Architects ha diseñado, en colaboración con la empresa escandinava de viviendas modulares Sommarnöjen, en una de las islas más remota. Un lugar en el que ni tan solo existe nada parecido a una carretera. Esta circunstancia obligó a innovar en la forma de trasladar las piezas con la que se iba a levantar el edificio. Un helicóptero tuvo que realizar el transporte de todo el kit de montaje.

Con el objetivo de facilitar el montaje en un entorno tan difícil, los diseñadores optaron por no crear uno, sino cuatro volúmenes en dos rocas separadas conectadas por una cubierta y un puente. El conjunto de los cuatro espacios crea una unidad residencial muy bonita, pero con todo tipo de lujos y comodidades. Cada uno de los cuatro volúmenes cumple sus propias funciones. Uno de ellos actúa como zona de servicio con una sala de horno, almacenamiento, baño, entrada y dormitorios, que están conectados al volumen de la sala. Al otro lado del puente, los dos volúmenes más pequeños contienen una sauna y una casa de huéspedes. El puente que sirve como nexo de unión hace que todos los espacios estén interconectados, pero al mismo tiempo se mantiene la privacidad.

Tanto el espacio en el que se ubica como el diseño concebido por sus creadores facilitan que quienes la habiten puedan disfrutar de muchos placeres, entre ellos los que ofrece la naturaleza. La cubierta de madera que rodea los volúmenes sirve como una plataforma de vida, complementaria a la sala de estar interior, que alberga espacios para actividades durante el día. Además, las diferentes zonas de la casa permiten observar tanto la salida como la puesta del sol. “Comenzando en la roca oriental, los residentes pueden disfrutar de una vista del amanecer en el océano hacia el este. Al cruzar el puente, se puede disfrutar de la puesta de sol sobre el archipiélago de Estocolmo al oeste desde la parte superior de la sauna”, afirman los diseñadores.

Este tipo de viviendas de verano ofrecen una forma alternativa de conocer el país escandinavo, en la que la tranquilidad y la naturaleza son los factores dominantes. Y todo a muy poca distancia de una fantástica ciudad en la que la cultura y el arte se ofrecen para el deleite de quienes allí viven, pero también de los visitantes.