Si hace unas semanas hablamos sobre el convento más pequeño de España, en la provincia de Cáceres, hoy viajamos al otro lado de la geografía española para visitar la que es la catedral más pequeña del país, aunque, vaya por delante que, a pesar de su tamaño, el templo impresiona.
Nos referimos a la catedral de San Vicente de Roda de Isábena, en Huesca. En España hay un total de 88 catedrales, repartidas por el territorio, que son una parte importantísima del patrimonio histórico, artístico y cultural y sin embargo, la de Roda de Isábena no está contabilizada en ese número porque hablamos de una ex catedral: vamos con la historia de este monumento para entender el prefijo ex.
Esta iglesia se considera la más antigua de Aragón y también, la más pequeña de España. Comenzó a construirse en el siglo XI en un estilo románico lombardo y a lo largo de los siglos ha sufrido varias reconstrucciones y ampliaciones. El templo que puede verse en la actualidad fue el segundo que se levantó ya que el primero, consagrado en 956, apenas duró cincuenta años porque fue destruida por el hijo de Almanzor en 1006. Pero los lugareños se pusieron manos a las obras tras la destrucción del templo y una década después empezaron a construir la catedral que hoy podemos ver, que se consagró en 1030. Un siglo más tarde la sede episcopal se trasladó a Lleida lo que les hizo perder el nombre de catedral aunque se la siga denominando así dado su porte. El conjunto fue restaurado finalmente en 1970 lo que hace que se la vea impecable en la actualidad.
El mueble de madera más antiguo de la Península
La catedral tiene tres naves separadas por enormes pilares y cuenta con una cripta bajo el altar mayor. Si la iglesia es hermosa, el claustro impresiona ya que a pesar de ser pequeño cuenta con más de 200 lápidas, la más antigua de 1143. En su patio central cuenta con un gran aljibe. Otra de las particularidades del templo, aparte de su tamaño, es que en él se conserva el que se considera el mueble de madera más antiguo de la Península: la silla de San Ramón. Este asiento se inspira en los asientos consulares romanos, fue tallado en madera de boj, conocida por su dureza y resistencia, y tiene una curiosa estética nórdica. El original fue robado por Erik el Belga, un famoso ladrón de arte sacro, que la hizo pedazos para vender sus partes. Con lo que se pudo recuperar se recreó el modelo que puede verse hoy. El ladrón falleció sin desvelar dónde habían ido a parar los distintos elementos de la silla..
La catedral es uno de los tesoros de este pequeño pueblo de apenas 50 habitantes por el que merece mucho la pena pasear por sus calles empedradas, disfrutar de la calma que lo rodea e ir a descubrir sus otros tesoros como el puente romano o el museo naval y de modelismo.
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