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Larga vida a las oficinas

Gtres
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Llevamos ya cerca de 7 meses 'disfrutando' del teletrabajo. Dependiendo a quien preguntes, te encontrarás con respuestas tan diversas como que, “es el paso que nos faltaba por dar en el camino hacia la digitalización”, que, además, conlleva una serie de beneficios tales como la disminución de la huella de carbono al minimizar los desplazamientos, la mejora de la conciliación de la vida familiar, la repoblación en zonas “vacías”, etc. Si preguntas a otra parte de la población -aquellos que les ha resultado harto complicado conciliar la vida personal y familiar estos meses atrás por sus circunstancias personales-, te dirán que el teletrabajo no es tan bonito como se pintaba. 

Desde mi punto de vista, al igual que ocurre en muchas otras facetas de la vida, creo que en el término medio está la virtud y los cambios no deben ser tan drásticos y rápidos, salvo casos de extrema necesidad como el que estamos viviendo. Lo cierto, y en lo que todos coincidimos, es que el teletrabajo ha venido para quedarse y debemos adaptarnos a ello.

Por supuesto, dependiendo de la actividad profesional, seguimos necesitando vernos -físicamente-, volver a las reuniones de trabajo presenciales, interactuar con nuestros compañeros y sentir, sobre todo sentir, lo que la tecnología no acaba de aportarnos. Por todo ello, y sin decir que debamos volver al estilo de vida que llevábamos antes, creo que un modelo hibrido -esta palabra está muy de moda últimamente-, es la conjunción perfecta para una nueva etapa laboral.  

Debemos tener la capacidad de teletrabajar y conciliar, pero sin dejar de acudir a la oficina para compartir todo tipo de vivencias y experiencias con los compañeros e imbuirnos de un sentimiento de pertenencia y cultura de la compañía que, con el tiempo y de perdurar esta situación, corremos el riesgo de perder.

Y siendo ese el nuevo escenario, ¿cómo afectaría al sector de las oficinas? Llevamos unos meses estudiando el comportamiento del mercado y aunque efectivamente hay algunas tipologías que están sufriendo consecuencia de los confinamientos y por miedo al contagio – en el ámbito hotelero y retail principalmente-, la verdad es que el sector de oficinas se mantiene en una posición defensiva y apenas está sufriendo. Tanto es así que el montante de renegociaciones de contratos de arrendamiento con sus consecuentes bajadas de rentas y/o carencias aplicadas en estos meses apenas se han dado en esta tipología.

Ante este escenario, ¿debemos quedarnos quietos y confiar que todo va a seguir bien en este sector? La respuesta es NO. Como mencionaba anteriormente, el teletrabajo ha venido para quedarse y dependiendo de la empresa y su sector, se aplicará en mayor o menor medida, lo que ineludiblemente conllevará, entre otras, una ligera reducción de necesidad de superficie para la misma plantilla, aún mayor si tenemos en cuenta que se incrementarán los despidos a corto plazo consecuencia de la situación económica en la que nos encontramos.

Entre otras variables, si queremos que nuestro activo no sufra en términos de ocupación y valoración, debemos fijarnos en lo que demanda ahora el arrendatario y así poder convertir las oficinas no sólo en centros de trabajo, sino en lugares donde compartir experiencias para poder volver a encontrarnos y sentirnos seguros.

Todo esto se traduce en ubicaciones principalmente céntricas -para evitar pérdidas de tiempo en desplazamientos y poder acudir en transporte público-, edificios rehabilitados y adaptados a los requerimientos de construcción y sostenibilidad actuales, facilidad de distribución interna para la implantación de los arrendatarios y optimización de los espacios, flexibilidad en los términos de los contratos o compatibilización de ciertos espacios destinados a ‘coworking’.

Si somos capaces de que nuestros activos reúnan todas estas características, la aportación de valor de estas propiedades a nuestras carteras inmobiliarias está asegurada, al menos en el medio plazo, lo que nos otorga cierta tranquilidad.

Carlos Pérez-Baz es director de Inversiones Inmobiliarias de Mutualidad de la Abogacía y gestiona un portfolio compuesto por 45 inmuebles. Esta es su visión sobre el día a día en la gestión de una cartera de perfil “Core” y del  mercado desde el prisma de una aseguradora.