Información sobre vivienda y economía

Ideas de decoración: grafitis, de los callejones de Nueva York a las casas más ‘cool’

Autor:

En 1978 una oleada de vandalismo sacudió la ya de por sí convulsa isla de Manhattan. Los muros de muchos edificios del SoHo aparecieron pintados con frases poéticas que transmitían rabia y se revelaban contra el capitalismo y la sociedad de la época. Todas las pintadas tenían un denominador común: la firma SAMO.

Durante meses, los vecinos y la policía se preguntaron quiénes podrían haber sido los responsables de aquella salvajada. Todo el mundo quería saber quién era SAMO y el secretismo sobre la identidad de aquel vándalo poeta fue incrementando su popularidad hasta convertirse en una especie de icono de la contracultura, un artista.

Un reportero de la legendaria publicación neoyorquina The Village Voice llegó a poner “precio a su cabeza”. Recorrió las calles de la Gran Manzana ofreciendo 100 dólares a todo aquel que le diese información fiable sobre el autor de aquellas pintadas. Al final lo consiguió y, en un artículo publicado el 11 de diciembre de 1978, reveló quien era SAMO.

Sin embargo, la sorpresa fue que detrás de los botes de spray que dibujaron aquellas frases no había un artista callejero sino dos adolescentes pobres y politoxicómanos: Jean-Michel Basquiat y Al Díaz. Basquiat aún no había cumplido los 18 años cuando le llegó la fama de improviso.

Es a principios de los ochenta del siglo XX cuando las pintadas callejeras pasaron a conocerse como grafitis y dejaron de ser vandalismo para empezar a ser arte. Gracias al éxito y la popularidad de aquellos grafitis, Basquiat –hijo de padres divorciados que se había escapado de casa y vivía en la calle– pudo dedicarse al arte a tiempo completo. En 1981 vendió su primera obra y poco a poco se convirtió en uno de los pintores más solicitados de la década hasta su muerte por sobredosis de heroína en el verano de 1988.

Boys Bedroom

De la calle a las casas. Casi tres décadas después, Basquiat continúa siendo un referente y su legado, el grafiti, ha pasado de los sucios muros de los callejones de Nueva York a estar expuesto en las mejores galerías de arte y museos del mundo, e incluso a formar parte de la decoración de las viviendas. Tanto las grandes fortunas como el común de los mortales se sienten atraídos por estos coloridos dibujos que dan un importante sabor urbano a la decoración de un hogar. Eso sí, hay que estar muy seguro y saber elegir bien el artista para tener una pintada de este calibre presidiendo el salón o la pared principal del dormitorio.

Para ambientes industriales o no. Aunque inicialmente este tipo de pintura con spray empezó a emplearse en apartamentos de estilo industrial o tipo loft, poco a poco ha ido ganando también protagonismo en casas más clásicas o tradicionales. De hecho, una de sus grandes ventajas es su versatilidad y su capacidad para romper con la limitación de ubicación que a veces requieren cuadros o fotografías.

No solo en las paredes. Los grafitis domésticos pueden adoptar un tamaño extremo, como un mural de pared completo, o manifestarse como pequeños detalles en lugares concretos que aporten algo de energía a espacios antes anodinos. Y no solo pienses en paredes: también se pueden pintar con este estilo muebles, electrodomésticos o alfombras.

Arc House
 
Un impactante elemento sorpresa no excesivamente caro. Lo mejor de estas muestras de arte urbano es que todavía no se han convertido en un elemento decorativo habitual, por lo que aún aportan un importante efecto sorpresa a un interior. Por otro lado, lo normal es que un grafiti cueste entre 150 y 1.000 euros, por lo que no es excesivamente caro teniendo en cuenta el resultado tan espectacular que ofrecen. El precio final, sin embargo, dependerá de factores como el tamaño de la pared que se vaya a pintar, la complejidad y el tiempo que tarde en completarse. De ahí que los grandes murales puedan llegar fácilmente a los 2.000 euros. Como media se podría decir que el coste se situaría entre los 40 y los 70 euros por metro cuadrado.

Apuesta por un profesional. La factura final también dependerá del caché del artista que escojamos. Los grafiteros con firma no suelen agitar el bote de spray por menos de 500 euros, precio que puede dispararse hasta los 10.000 euros en el caso de los artistas más cotizados.

2011 Serving Up Style
 
Hazlo tú mismo. Otra opción, para quien le gusten las manualidades, tenga tiempo y paciencia, pasa por hacerlo uno mismo. En internet es posible encontrar plantillas gratuitas de diseños icónicos del propio Basquiat, Andy Warhol, Banksy o Shepard Fairey, creador del retrato de Obama con la leyenda “Hope” que se hizo tan popular durante la campaña presidencial de 2008 en EE.UU.

Qué necesitas. Además de la plantilla, los sprays te costarán unos 6 euros por bote. Necesitarás también distintas boquillas, un mono de trabajo y una mascarilla. Para preparar la pared, hay que aplicar una imprimación de modo que el aerosol se fije mejor. También es posible que requieras del empleo de brochas o rodillos para realizar trazos gruesos o rellenar superficies grandes.

Personalización al máximo. Lo bueno del grafiti es que nos permite crear la imagen exacta de lo que deseemos. Podemos reproducir esa obra de Banksy que nos llamó tanto la atención en las calles de Londres o apostar por convertir el mural en una expresión exagerada de nuestras aficiones.

Buckingham Ave. Residence
 
Ideal para las habitaciones de los niños. El colorido del arte urbano se ajusta a la perfección con el toque desenfadado y alegre de las habitaciones infantiles. Ya sean ídolos deportivos, personajes de dibujos animados, de cómic o videojuegos, los murales en este tipo de estancias son una apuesta segura. Además, los niños alucinarán con el proceso de creación.

Algunos espacios de la casa son más apropiados que otros para los grafitis. Ten en cuenta la finalidad que vaya a tener en la zona y los metros con los que cuentas. Es recomendable elegir una de las paredes principales de la habitación en cuestión. Si es una estancia no demasiado grande, mejor opta por diseños más pequeños que no recarguen el ambiente.

Studio VyhodecDesign
 
Otras noticias en Houzz: