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Europa dice adiós a Mario Draghi, el hombre que salvó el euro y evitó el rescate de España

Flickr | Zoom35 mm
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La eurozona dice adiós a su máximo guardián y al hombre que ha logrado mantener a flote la moneda común incluso en los momentos más duros de la crisis: Mario Draghi.

El que ha sido el presidente del Banco Central Europeo (BCE) durante ocho años ha vivido su última reunión al frente del organismo, y lo ha hecho sin tomar nuevas medidas, pero con un mensaje: las políticas monetarias expansivas se prolongarán durante el tiempo necesario (hasta que la inflación se acerque al objetivo del 2%), y los Gobiernos deben actuar para reforzar la estabilidad de la eurozona y complementar la política monetaria.

A partir del 1 de noviembre, el italiano dejará su sillón a la francesa Christine Lagarde, que hasta ahora ha estado a los mandos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y que se convertirá en la primera mujer en presidir el organismo monetario y financiero. Su mandato, además de histórico, estará claramente marcado por las decisiones inéditas que ha tomado y los discursos que ha dado su predecesor.

Draghi se convirtió en el primer espada del BCE el 1 de noviembre de 2011, justo antes de que Silvio Berlusconi se viera obligado a dimitir como primer ministro de Italia por la presión de los mercados y dejara paso al tecnócrata Mario Monti. Antes de asumir el cargo había sido director ejecutivo del Banco Mundial, director general del Tesoro italiano, vicepresidente de Goldman Sachs para Europa y gobernador del Banco de Italia, y ya tenía de apodo ‘Super Mario’. Y eso que todavía no había entrado en acción.

Unas medidas excepcionales

Sus primeras medidas llegaron apenas 72 horas después de coger las riendas del organismo: en su primera puesta de escena, el 3 de noviembre de 2011, anunció una rebaja de los tipos de interés de 25 puntos básicos (pasaron del 1,5% al 1,25%), y del interés que cobraba a los bancos por los depósitos (del 0,75% al 0,5%).

Un mes más tarde (diciembre 2011) anunció un nuevo descenso del precio del dinero (hasta el 1%) y del interés de los depósitos (hasta el 0,25%), así como la puesta en marcha de dos megasubastas de liquidez (longer-term refinancing operations, más conocidas como LTROs) para regar de dinero a los bancos. Y las entidades acudieron en masa para pedir prestados miles de millones de euros a un interés del 1%.

Muchas de ellas, como por ejemplo las españolas, utilizaron parte de esa liquidez para comprar deuda pública de los países de la eurozona, sobre todo a los periféricos. Una jugada con un doble objetivo: financiar a los Estados y obtener a cambio una rentabilidad (por aquel entonces los bonos ofrecían un 3%-4%, dependiendo del plazo y del Tesoro emisor).

Poco a poco el mandatario italiano fue bajando el interés del dinero hasta dejarlo en marzo de 2016 en el 0,0% (el nivel más bajo de la historia y donde se mantiene desde entonces), mientras que en junio de 2014 decidió situar en terreno negativo el interés que paga a los bancos por guardarles su excedente de liquidez. Dicho de otro modo: desde hace más de cinco años, el organismo lleva cobrando a las entidades financieras por los depósitos. Por aquel entonces la penalización era del 0,1%, mientras que actualmente se sitúa en el 0,5%, aunque con excepciones. Para no penalizar en exceso a los bancos, ha decidido crear un sistema escalonado para que buena parte de los depósitos estén exentos de esos tipos negativos.

Otras de las medidas más destacadas que ha tomado ha sido activar un programa de compra de deuda multimillonario. Primero fue deuda pública y después amplió el abanico a la deuda privada. Y, aunque el famoso QE acabó el año pasado, a partir de noviembre el organismo retomará las compras, aunque con un volumen muy inferior al del pasado. El nuevo límite será de 20.000 millones de euros mensuales, frente a los 80.000 millones que llegó a admitir.

También ha recuperado las llamadas LTRO (subastas de liquidez). Es la tercera vez que pone en marcha esta medida en ocho años y se espera que dure al menos hasta marzo de 2021, con una periodicidad trimestral.

El balance total de estos ocho años de la 'era Draghi' se traduce en una inyección de 2,2 billones de euros en la economía mundial, según los cálculos de la plataforma de inversión eToro. 

Las palabras mágicas, el momento culmen

A pesar de que las medidas que ha tomado estos años han sido inéditas, si hay un punto de inflexión en su mandato ese es el famoso discurso que pronunció el 26 de julio de 2012. Por aquel entonces, los mercados estaban estrangulando a España e Italia cada vez que emitían deuda, y la situación llegó a un momento crítico: el interés de los bonos de ambos países rompió la barrera del 7%, la misma que habían superado en su día Grecia, Irlanda y Portugal, y que había provocado su rescate internacional.

Pero todo cambió en el momento con sus ya famosas ‘palabras mágicas’: “dentro de nuestro mandato, el BCE está dispuesto a hacer lo que sea necesario para preservar el euro. Y créanme, será suficiente” (Within our mandate, the ECB is ready to do whatever it takes to preserve the euro. And believe me, it will be enough). El mensaje de aquel día fue un órdago dirigido a los especuladores, que estaban apostando por la ruptura del euro y que intentaban forzar la caída de España e Italia, y marcó el principio del fin de la crisis de deuda en la eurozona.

Un guardián muy criticado 

El mercado nunca ha puesto en duda su papel de guardián del euro en los momentos más críticos de la crisis, pero lo cierto es que hay muchos expertos que critican sus medidas, al considerar que han sido demasiado acomodaticias. Por ejemplo, varios exmiembros del Consejo del BCE y exgobernadores de los bancos centrales de Francia, Austria, Holanda y Alemania, sostienen que nunca ha habido riesgo de deflación en la eurozona, por lo que su estrategia se ha basado en una teoría incorrecta.

Durante estos años, Draghi ha sido protagonista de los cruces de acusaciones entre las palomas (miembros del BCE proclives a las medidas acomodaticias) y los halcones (que apuestan por medidas más ortodoxas). En este 'bando' se encuentra Alemania, país de donde proceden la mayor parte de las críticas.

De hecho, y a pesar de que el apoyo al euro es ahora más alto o más alto entre los ciudadanos europeos que antes de la Gran Recesión, según el Eurobarómetro de la Comisión Europea, más de la mitad de los germanos desconfía del BCE.

Entre los reproches más habituales está que sus medidas no han logrado acercar la inflación al objetivo que busca el organismo (2%, pero por debajo de dicho nivel), y que un escenario de tipos bajos conlleva el riesgo de que aparezcan más desequilibrios e inversiones improductivas. 

Sin embargo, los analistas quitan hierro al asunto y defienden la labor del mandatario italiano. Según Nick Wall, gestor de fondos de Merian Global Investors, “el objetivo de inflación durante su mandato no se ha cumplido, aunque tal vez sea una tarea casi imposible dado el desendeudamiento en la eurozona y unas tendencias demográficas desafiantes. Pero su legado es la supervivencia del euro durante la prueba más dura que ha vivido hasta la fecha”.

Para Esty Dwek, de la gestora de Natixis, Draghi “ha redefinido la escala y el alcance del BCE, y su compromiso de apoyar la economía de la eurozona y elevar la inflación ha sido incomparable. Ha navegado en un momento difícil y con un entorno de bajo crecimiento, pero ha logrado mantener un fuerte consenso de apoyo”.

En esa misma línea, Gilles Moëc, economista de AXA Investment Managers, sostiene que “el legado de Mario Draghi como salvador de la eurozona a perdurará. Él heredó un Banco Central Europeo que todavía estaba fuertemente influenciado por un enfoque disciplinario, pero él lo acercó al modelo de la Reserva Federal de EEUU (Fed), proporcionando a los Estados la respiración que necesitaban”.

Por su parte, Gonzalo Bernardos, profesor de Economía de la Universidad de Barcelona (UB) y consultor y analista inmobiliario, sostiene que "Draghi es el mejor presidente del BCE que hemos tenido y es posible que, sin él, el euro ya solo fuera un recuerdo". Bernardos también destaca que "ha sido un banquero totalmente independiente y no ha dependido de los alemanes. Además, la recuperación se debió única y exclusivamente a la política monetaria, pues la política fiscal ha restado crecimiento económico desde 2010".

Como despedida, añade el economista, "ha actuado para evitar una nueva crisis en 2020. La vuelta de la compra de deuda pública y privada es un buen pilar para el inicio de la recuperación", y concluye asegurando que "ha sido el mejor aliado que jamás ha podido tener el mercado inmobiliario". 

La artillería pesada toca fin

El mercado da por hecho que los bajos tipos de interés se prologarán durante años (podrían mantenerse hasta 2022), pero la gran duda es si el BCE tiene algún tipo de margen de maniobra ante potenciales crisis en el futuro.

Por eso, los analistas creen que uno de los grandes retos que tiene por delante Christine Lagarde será convencer a los gobiernos de que la política monetaria ha cumplido sus límites y ya no puede rescatar a la eurozona cuando cambien los ciclos económicos si la política fiscal y las reformas estructurales siguen en ‘stand by’.