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Así ha cambiado la inversión en el mercado inmobiliario gracias a las socimi

Imagen de las oficinas que la socimi Axiare ha comprado en Madrid
Autor: Redacción

Hace unos años había tres opciones sobre la mesa para invertir en el sector inmobiliario: comprar un activo para alquilarlo y revenderlo, adquirir acciones de una inmobiliaria cotizada o participar en un fondo de inversión especializado en esta actividad. Pero con la aparición y el desarrollo de las socimis el panorama ha cambiado: estas sociedades mezclan las vías anteriores y permiten llevarse al bolsillo un dividendo.

La manera de invertir en el mercado inmobiliario ha cambiado radicalmente y lo ha hecho en un periodo de tiempo muy reducido. Hasta hace poco, todo inversor tenía sobre la mesa tres maneras de apostar por el sector para conseguir un beneficio.

Por un lado, tenía la posibilidad de comprar un activo (una casa, una oficina, una nave…) para alquilarlo para obtener una renta periódica o revenderlo y conseguir una plusvalía. Una opción que le exigía aportar un capital muy elevado.

También tenía la opción de comprar acciones de una empresa inmobiliaria que cotizara en bolsa, cuyo principal negocio era la comercialización de activos, la compraventa de viviendas y oficinas, más que su alquiler, lo que suponía un alto riesgo para el inversor.

La última opción era participar en un fondo de inversión especializado en mantener en su cartera activos en propiedad para alquilarlos y venderlos.

Con la crisis, sin embargo, las posibilidades de hacer negocio a través de las vías anteriores han ido reduciéndose… hasta que han llegado las sociedades anónimas cotizadas de inversión inmobiliaria (más conocidas como socimis).

Esta alternativa, muy común en mercados como Estados Unidos, ha desembarcado en España hace poco más de un año y ya se ha convertido en una referencia dentro del sector.

Son vehículos que pretenden acercar la inversión en activos inmobiliarios a todo tipo de inversores (aunque los analistas creen que son menos aptas para el pequeño ahorrador que para el inversor profesional), que cotizan en bolsa (por tanto, sus acciones pueden comprarse y venderse) y cuyo modelo de negocio es rentabilizar activos mediante su alquiler (así pues, no tienen la opción de especular con su compraventa).

Además, tienen ciertas limitaciones que reducen el riesgo de las fórmulas de antaño. Por ejemplo, están obligadas a invertir al menos el 80% de su cartera en inmuebles urbanos para el alquiler y a conseguir ocho de cada diez euros que ingresa a través del arrendamiento de dichos inmuebles.

Otro requisito que deben cumplir es repartir vía dividendos la mitad del beneficio que obtengan y hasta un 90% de las rentas derivadas del alquiler de los activos de su cartera. Esta retribución obligada resulta muy atractiva a los inversores, ya que les supone recibir un dinero invirtiendo en un activo de un riesgo asumible.

Se pueden encontrar socimis tanto en la bolsa tradicional como en el Mercado Alternativo Bursátil (MAB). Las más grandes cotizan en la tradicional (Lar España, Merlin Propierties, Hispania y Axiare), mientras que las de un tamaño más reducido lo hacen en la plataforma alternativa.

El gran respaldo a las cuatro grandes firmas ha venido de la mano de Europa. En concreto, de la European Public Real Estate Association (EPRA), un organismo de empresas inmobiliarias comunitario que fija, entre otras cosas, los criterios para informar a los inversores o las prácticas de buen gobierno que deben aplicar estos vehículos de inversión.

La rápida implantación de estos actores está provocando una oleada de nuevas socimis de todo tipo (hay algunas vinculadas al sector hotelero, como la que están poniendo en marcha Barceló e Hispania) que deberán salir a bolsa en los próximos meses.