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Los secretos de la casa de Tomás Allende en Madrid

Nacho Uribesalazar para Casa Decor
Nacho Uribesalazar para Casa Decor
Autor: Redacción

La Casa de Tomás Allende es una representación perfecta de lo que también es Casa Decor, una composición ecléctica y diversa, construida por colectivos de grandes profesionales y empresas, innovadores y creativos. Un proyecto colectivo que añade, desde su concepción, un sentimiento de variedad, a la vez que de unidad.

Las dos “Casas” representan lo mejor de las capacidades artísticas y creativas de este país. Son un reflejo la una de la otra. Por ello, no es casualidad que Casa Decor haya elegido este edificio para celebrar la edición de 2021. Se trata de una construcción singular y única en Madrid, como también lo es Casa Decor.

La Casa de Tomás Allende se encuentra en la esquina de la Plaza de Canalejas con la Carrera de San Jerónimo. Este extraordinario edificio es una muestra única del estilo arquitectónico regionalista, proyectado por el arquitecto cántabro Leonardo Rucabado y construido entre 1916 y 1920. A la muerte prematura de Rucabado en 1918, fueron los arquitectos Ramiro Saiz Martínez y Pedro Cabello Maíz quienes lo finalizaron siendo fieles a su proyecto.

Recibe su nombre de su primer propietario, el prominente empresario, promotor inmobiliario y político asentado en Bilbao, Tomás Allende Gómez, para quien Rucabado ya había realizado varios chalés en Bilbao. En 1916, Tomás Allende le encarga una nueva construcción, esta vez en Madrid, en la cotizada plaza de Canalejas, ya centro financiero de la ciudad. Para este proyecto, que estaba destinado a viviendas y oficinas comerciales, Rucabado se recrea y despliega todo el repertorio regionalista que venía investigando y aplicando en otras construcciones. Sin duda, su obra póstuma es la culminación de su corta carrera. 

El trabajo ornamental de la fachada es rico, ecléctico y exuberante, con una solana cántabra, grupos escultóricos en piedra caliza (heraldos, escudos, columnas, guirnaldas, leones, emblemas, medallones, veneras, etc.), así como ladrillo visto dispuesto al estilo mudéjar, cerámica de Daniel Zuloaga, rejería de balcones y barandillas de Francisco Torras, y magníficas vidrieras de la casa Maumejean.

Uno de los elementos más destacables y sorprendentes de la fachada es el mirador que asoma a la Carrera de San Jerónimo. Está inspirado en la típica solana cántabra, aunque no de origen humilde, ya que en ella hay un excelente trabajo de ebanistería, probablemente realizado por artesanos cántabros.

Una gran variedad de figuras y símbolos historicistas pueblan la fachada del edificio, un interesante trabajo escultórico en piedra caliza. En el cuerpo principal se concentra una serie de grupos escultóricos de relevancia: dos heraldos vestidos con tabardos con emblemas heráldicos (muy similares a los que se hallan en el Monasterio de San Juan de los Reyes, en Toledo) flanquean a un león que sostiene un emblema oval. Este grupo está coronado por un escudo imperial enmarcado por pilastras y un frontón clásico. En la base del torreón se suceden medallones con rostros de personajes históricos, entre los que se reconoce a la Dama de Elche o Francisco Pizarro.

El edificio cuenta con 5000 m2 metros aproximadamente, distribuidos en bajo, seis pisos y sótano. Las plantas están organizadas en dos alas, que tendrán recorridos muy similares y que albergarán un total de 61 espacios. Los bajos comerciales se acondicionarán para crear una amplia zona de restauración de más de 200 m2 , que permita disponer las mesas con la distancia de seguridad requerida en las circunstancia actuales.

La mayoría de los espacios cuenta con ventanas al exterior, tanto a la Plaza de Canalejas y a la Carrera de San Jerónimo, como a amplios patios interiores. Techos de gran altura, suelos de pino melis y elegantes molduras de escayolas son algunas de las características destacables de las estancias señoriales.