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Por qué se forman largas colas de personas para visitar un piso barato en Berlín

La ley para congelar los alquileres nada tiene que ver, pues aún no se ha aprobado definitivamente

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Autor: Antonio Martínez (colaborador de idealista news)

54 metros cuadrados por 550 euros al mes. La oferta, en una zona residencial no lejos del centro de Berlín, desató la locura. Tras doce horas de puertas abiertas, un total de 1.749 interesados habían visitado el piso. 145 a la hora en una procesión maratoniana que dejó imágenes delirantes. Las colas, con cientos de personas frente al portal del edificio, reflejan la situación actual en el mercado inmobiliario de la capital alemana: precios por las nubes y una oferta insuficiente para la fuerte demanda. La ley para congelar los alquileres nada tiene que ver, pues aún no se ha aprobado definitivamente.

El piso es un tercero con dormitorio, salón, cocina y baño en un edificio de los años 50 del siglo pasado en el distrito de Schöneberg, en el suroeste de Berlín. Nada espectacular, salvo el precio. 550 euros, gastos incluidos. Una ganga en una ciudad que ha visto cómo los precios de los pisos medios se duplicaban en los últimos diez años y cómo encontrar piso cada vez resulta más complejo debido a la gentrificación.

Así, cientos de personas se dieron cita el domingo en el edificio de la oferta. La multitud agolpada en el portal llamó la atención de la televisión pública local "rbb" (y sus imágenes se hicieron virales más allá de Alemania) y la masificación en las escaleras de acceso al apartamento obligaron al administrador del edificio a pedir calma con un megáfono para evitar una avalancha. Los interesados accedían al inmueble en grupos de hasta 30 personas.

De "inhumano" y "provocador" tildaba una de las visitantes, en declaraciones a "rbb", la forma en la que el administrador del edificio estaba gestionando la búsqueda de un nuevo inquilino. "No sé si debería entrar en absoluto. A fin de cuentas, no me va a quedar nada", decía desde la cola. Otra interesada calificaba la acción de "catástrofe" y destacaba que lo singular era el número de gente, no el método. La escena refleja "totalmente la situación actual de lo que significa buscar casa en Berlín. Esto no es un caso único", afirmaba a la cámara.

Efectivamente en Berlín es habitual que el propietario del piso en oferta -frecuentemente una gran inmobiliaria- convoque en el anuncio para una fecha concreta, durante un período de tiempo. Rara vez se dan citas individuales. Los interesados van llegando entonces al inmueble y desfilan juntos por las habitaciones de una forma en ocasiones peculiar, pues son a la vez iguales y competidores. En los pisos compartidos no son inusuales además las "entrevistas" con el resto de inquilinos, para que estos elijan a la persona con la que mejor sintonizan.

En los últimos años se han ido poniendo también más filtros para la selección de inquilinos, rozando en ocasiones el abuso. Se ha generalizado, por ejemplo, exigir el certificado de no estar en el banco de datos de morosos Schufa y una copia de un contrato de trabajo por cuenta ajena, así como pedir dos o tres meses de fianza (Kaution), que se devuelve al final del contrato, y entre uno y tres de comisión (Provision), que se queda el agente inmobiliario (además de lo que le paga el propietario por colocar el inmueble).

Los problemas del mercado inmobiliario berlinés son evidentes. La oferta es escasa, la vivienda social está en mínimos (porque administraciones previas la privatizaron para reducir deuda), la tasa de vivienda en propiedad es de sólo el 15% y un puñado de grandes empresas dominan el sector (sólo las cuatro mayores inmobiliarias suman 115.000 viviendas de los 1,5 millones inmuebles en alquiler en la ciudad). Además, la burocracia dificulta que se concedan con celeridad nuevas licencias de obra y la población no deja de aumentar: en los últimos diez años ha repuntado un 12%, hasta los 3,75 millones de habitantes.

Berlín se ha convertido así en la gran ciudad alemana en la que más rápidamente suben los alquileres, liderando un sector que en todo el país está experimentando fuertes crecimientos. Tanto es así que el Bundesbank, el banco central alemán, ha alertado de "sobrevaloraciones especulativas" que pueden alcanzar hasta un tercio del precio de los activos en las llamadas siete grandes, entre las que se encuentran Hamburgo, Múnich, Fráncfort, Bonn y Stuttgart. Una burbuja inmobiliaria.

Los vecinos de Berlín han acabado saliendo a la calle a protestar -en manifestaciones que han alcanzado las 35.000 personas- y a presentar iniciativas populares para que la política intervenga el mercado y frene la espiral alcista (que los salarios no han experimentado). El Gobierno de la ciudad-estado, un tripartito de izquierdas, ha propuesto ahora congelar los alquileres durante los próximos cinco años, pero la medida ha topado con una enorme resistencia en círculos políticos y económicos.

La medida, que entraría en vigor el próximo enero (aunque no reconoce las subidas de los seis meses anteriores), prevé que los arriendos no puedan elevarse hasta 2025. Aunque con excepciones. En caso de modernización del inmueble, los propietarios podrían subir el alquiler hasta en un euro por metro cuadrado y mes (cuando la ley federal permite hasta tres). Además, a partir de 2022 se podría incrementar un 1,3% anual para tener en cuenta la inflación.