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Los mayores de 65 años, vulnerables y grandes olvidados de las políticas de vivienda

Autor: LuisJa Sánchez (colaborador de idealista news)

El 96,4% de las personas mayores decide permanecer en su vivienda durante la vejez, pese a que no siempre están en condiciones óptimas. El 3,6% restante vive en residencias o instituciones de otro tipo. Más de 1,5 millones de estos ciudadanos residen en viviendas con graves problemas. En muchos de esos casos, la vivienda no tuvo ninguna reforma, lo que hace que ese “envejecimiento” repercuta en la salud de su propietario de diferentes maneras. 

Son datos del estudio “Envejecer en casa. ¿Mejor en el pueblo o en la ciudad?”, publicado por el Observatorio Social de "La Caixa" y realizado por Irene Lebrusán, Doctora en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y Profesora en la Universidad Carlos III de Madrid. En los próximos meses marchará a la universidad de Harvard de EEUU para seguir investigando sobre este tema.

Esta experta, que lleva analizando esta problemática desde el 2009, destaca que “no han existido hasta la fecha programas específicos de vivienda para la tercera edad”. Ni el Plan de Vivienda anunciado por el exministro del PP, Iñigo de la Serna, ni el que esbozó recientemente en el Congreso el actual ministro de Fomento, José Luis Ábalos, ha incluido alguna medida para este colectivo senior. “Se han concentrado la mayor parte de las políticas públicas en la gente joven y su acceso a la vivienda, pero hay una serie de personas que llevan mucho tiempo sin arreglar problemas graves en su propia vivienda”, añade la socióloga.

Los problemas más frecuentes, en tanto en cuanto inciden sobre un mayor número de personas mayores, son los de accesibilidad (5.289.113 personas afectadas), la falta de calefacción o de aparatos para calentar su vivienda (3.355.129), edificio de más de tres plantas sin ascensor (1.740.376) y hacinamiento (959.936).  “Estamos hablando de viviendas que han envejecido con escasas reformas, eso hace que necesiten una rehabilitación notable muchas de ellas”, aclara Lebrusán.

Otra carencia detectada es la falta de acceso a agua corriente, que si bien afecta a 431.818 personas mayores se considera un problema grave ya que el agua es un bien necesario, imprescindible para obtener la cédula de habitabilidad de la vivienda y, además, casi la totalidad de la población española dispone de él, lo que indica su importancia relativa en la sociedad.

Los mayores de 65 carecen de ayudas públicas

“Muchas de las ayudas se han dirigido al mercado en propiedad. Da la sensación que cuando adquirimos una vivienda hemos dejado de lado cualquier tipo de problema, cuestión que es errónea. Es lo que pasa con la gente mayor, muchos de ellos son propietarios y parece que no necesitan ningún plan especifico de ayudas, pero la realidad es diferente”, señala Lebrusán. En cuanto a los que no son propietarios el porcentaje alcanza el 13,3% en la actualidad.

A su juicio, hay otros países más adelantados que el modelo español en este tipo de actuaciones. “En nuestro país, se cree que las familias pueden arreglar los problemas de las personas mayores y no siempre sucede así”. Los países nórdicos están más avanzados en este tema “tienen mayor porcentaje de vivienda pública en alquiler que nosotros. En nuestro caso estamos muy bajo a nivel europeo, añade la experta que estado cinco años con la investigación.

La relación entre el problema de la vivienda y salud de sus propietarios parece directa “en este estudio, al igual que en otros establecemos la relación clara entre el estado de salud del propietario y la vivienda. No solo hablamos de depresiones y otros problemas psicológicos más o menos graves, sino de otras enfermedades como neumonías o similares por el mal estado de la vivienda”. AL parecer la mayor calidad de vida influye en que la existencia de estas personas se alargue más en el tiempo.

¿Cómo solucionar esta problemática?

Sobre la solución a esta problemática Irene Lebrusán señala que cualquier medida que se tome debe ser en forma de plan de choque porque el tiempo va en contra de la calidad de las viviendas de este colectivo de mayores “hay que hacer primero un diagnóstico de la situación y detectar donde están estas viviendas que pasan desapercibidas para las diferentes administraciones. No se sabe qué personas sufren esta situación”.

En este contexto cree que el funcionamiento de los Servicios Sociales debe tener más en cuenta la situación de estas personas y simplificar sus protocolos de actuación porque “muchas de ellas no conocen Internet ni saben manejarse a nivel telemático. El problema de comunicación es importante. Si no tienen familiares que les ayuden no podrán acceder a esas ayudas. En otros casos, algunas de estas personas les cuesta reconocer que ahora necesitan pedir ayuda para sacar su vivienda adelante, y no siempre se logra que comenten su situación personal”.

Para Lebrusán hay que volver a realizar planes de rehabilitación que hasta la fecha se han hecho en barrios enteros de diferentes capitales de provincia. “A nivel de CCAA hay diferencias en políticas de vivienda importantes en este segmento de la población. Andalucía, Baleares, Valencia, Canarias o Galicia presentan una situación de vulnerabilidad importante mientras que Aragón, Navarra o La Rioja se han enfrentado mejor a esta problemática”.

La vulnerabilidad extrema es evitable

La autora explica que la vulnerabilidad residencial extrema surge de la acumulación de problemas en una vivienda, que va mermando la calidad de vida de quienes residen en ella. El informe apunta cómo los extremos (vivir en un pueblo de menos de 10.000 habitantes, pero especialmente en aquellos más pequeños o en una ciudad de más de 500.000 habitantes) ofrecen más protección a las personas mayores. “De todas formas, los indicadores son muy elevados. Las grandes ciudades tienen un porcentaje del 19,4% de población con problemas y los pequeños municipios oscilan en el 19%”.

Por un lado, las ciudades de gran tamaño se han visto beneficiadas por medidas de control y recursos públicos para luchar contra la infravivienda, mientras que los municipios rurales más pequeños se valen de un mayor rango de formas solidarias de acceso a la vivienda y de un ahorro en los precios de los terrenos que redunda en una mejor calidad de las construcciones. 

En esta tesitura, medidas como el cohousing, soluciones habitacionales que no pasan por la compra ni por el alquiler, sino por el derecho de uso y que nada tienen que ver con las residencias de la tercera edad, podría ser una alternativa, tal y como idealista/news señalaba en este reportaje. Sin embargo para Lebrusán “pese a que es una medida interesante, soy más partidaria del cohousing entre generaciones lo que ayudaría a sacar más provecho”.

Para esta experta “las personas que realizan cohousing en nuestro país tienen un perfil determinado. Se nos quedarían fuera señoras y señores con más de 80 años, muchos de ellos tienen tanto apego a su barrio que no saldrían del mismo. El cohousing a la larga puede ser una solución, pero a corto y medio plazo en situaciones de vulnerabilidad extrema no parece que ayude a solucionar este tipo de problemática”. 

Tampoco cuestiones como la hipoteca inversa es una solución clara en este colectivo. “Tiene más aceptación en otros países que en el nuestro, pero al final la letra pequeña de los contratos evita que muchos propietarios den al banco su casa a cambio de una cantidad mensual hasta que fallezcan. Podría valer para personas que vivieran solas en la vivienda y tuvieran cierta edad, pero otras quedan excluidas de la misma y no se la conceden. Además, tener una casa en malas condiciones no siempre suscita el interés del banco”.

Irene Lebrusán advierte que “junto con el problema del acceso a la vivienda de los más jóvenes, hay otras cuestiones también que se deben resolver. Curiosamente muchos mayores pese a que son propietarios de su casa no están en una situación buena y no pueden afrontar las reformas que necesita su vivienda”. Para esta experta muchas de las viviendas vacías existentes en nuestro país podrían convertirse en sociales para este colectivo  “ El problema es también su localización. No siempre están donde se necesitan realmente”.