Información sobre vivienda y economía

En qué momento y por qué dejamos de tener balcones en los edificios de viviendas

Pixabay
Pixabay
Autor: @Lucía Martín (colaborador de idealista news)

En las últimas semanas están lloviendo las críticas en las redes sociales a aquellas 'celebrities', ya sean futbolistas, actores o cantantes, que cuentan cómo están pasando el confinamiento por el coronavirus mientras se ve detrás de ellos una extensión verde que bien podría ser similar a la madrileña Casa de Campo, y con una buena piscina al fondo.

Sin querer ser frívolos, lo cierto es que no es lo mismo pasar el confinamiento en 50 m2 que en una de 200 m2, ni en un piso exterior que en uno interior. Qué se lo digan a ese 8% de españoles que están viviendo la cuarentena sin poder ver la calle desde su vivienda, según los datos de idealista.

Tampoco se lleva igual si tienes un balcón, una terraza y no digamos ya un jardín para tomar el aire y disfrutar del sol, cuando el tiempo lo permite. 

Todo esto nos ha llevado a plantearnos cuándo dejaron de hacerse los balcones en los edificios, una constante del paisaje urbano, casi tanto como el color de los toldos en verano.

En el madrileño barrio de Ventas, por ejemplo, hay un sinfín de edificios de los años sesenta/setenta, o más antiguos incluso, todos con balcón. Sin embargo, otros más modernos, incluso promociones que se están proyectando en la actualidad, carecen de ese espacio que está resultando un balón de oxígeno cuando ya casi vamos para un mes de confinamiento. Este espacio se diseña únicamente o en las viviendas ático o en las de lujo, no así en el resto. ¿A qué responde esto? ¿Hay alguna directriz a nivel arquitectónico que lo explique?

“La proyección de viviendas y edificios así como el urbanismo y diseño de las ciudades es algo que evoluciona en el tiempo acompañado de las técnicas de construcción e ingeniería. Hay un cambio radical en la morfología de los edificios que se realizaron con muro de carga y los que lo hicieron con estructuras de hormigón”, explica el arquitecto Pablo García, de Atrezo Arquitectos.

Y continúa: “Cada generación tiene una forma diferente de vivir, de habitar. No es lo mismo la vivienda de principio de siglo que la de hoy. Ahora vivimos en ciudades y la familia se compone de menos miembros, muchas familias tienen dos coches, una demanda mayor de almacenamiento... El modelo de ciudad y de edificios de casi todo el siglo XX tiene muy presente el balcón y las terrazas. Se pueden ver los proyectos de fachadas de muchos arquitectos que imaginaban estos espacios llenos de plantas y vegetación y sus moradores haciendo un uso relajante de ellos. Quizás todo esto se planteaba en un momento en el que el nivel de tráfico, ruidos y formas de vivir era diferente”.

Normalmente los sucesivos 'boom' de la construcción son los que marcan un tipo de forma de construir. “El ladrillo visto pertenece a una época por ejemplo, años 60-70. Quizás el boom anterior fue el que marcó la construcción sin balcones, o con ellos cerrados a urbanizaciones, como sucede en algunas zonas de Madrid como Sanchinarro o Las Tablas. En la ciudad igual, se construyó mucho en esos años y la mayoría ya dejaba de lado los balcones y terrazas porque no compensaban”, comenta.

¿Es cosa de los promotores o del público que quiere casas sin balcones?

Ahora las calles están llenas de coches, el nivel de contaminación se ha elevado. Si viviéramos en ciudades silenciosas y rodeadas de arboles más que de coches, seguramente sería un valor añadido, pero en la ciudad de hoy de poco sirven sobre todo las terrazas. “Y muchos balcones se han convertido en trasteros, zonas donde alojar la máquina del aire acondicionado o se han incorporado a la vivienda en el mejor de los casos.

¿Cuántas terrazas se han cerrado e incorporado a la vivienda en ciudades como Madrid? Muchísimas. ¿Cuántas fachadas se han visto deterioradas sin ornato ni decoro con la aparición del aluminio y el cristal? Muchísimas. Esta es la estampa generalizada de estos espacios vistos como inútiles, hasta que te encierran y los echamos de menos”, añade.

Entonces, ¿es cosa del promotor o del público? Se puede decir que una mezcla de ambos. “Que se proyecten edificios con galerías en vez de con balcones o terrazas es fruto de nuestro estilo de vida. Cuando construyes tienes una edificabilidad asignada al proyecto. Por ejemplo, en la parcela puedes construir 100m2, el cómo estén distribuidos es indiferente. Los balcones no suman en los m2 y las terrazas lo hacen al 50%, pero al final ninguno puede pasarse de 1.000 m2”, aclara.

La gente quiere un salón más grande mejor que una terraza. Los promotores no son ajenos a este fenómeno y optan por no ofrecerlos. Es mucho mejor que la casa tenga esa galería dentro de la superficie útil y un buen trastero y garaje que es lo que la gente quiere. Al final, la arquitectura es un producto, esa es la realidad, y como producto se vende en función de los compradores, su nivel adquisitivo, intereses y demandas”, finaliza.