Información sobre vivienda y economía

Así es el refugio prefabricado anticovid-19 diseñado por una empresa española

Imagen del refugio / Suricatta Systems
Imagen del refugio / Suricatta Systems

Suricatta Systems es una compañía de origen valenciano que ha diseñado un sistema de arquitectura modular que permite construir espacios para combatir catástrofes naturales como el terremoto de Lorca o crisis sanitarias como el covid-19. Su fácil montaje, la composición de los materiales utilizados (todos reciclables) y su habitabilidad lo convierten en una opción perfecta para ser utilizado como vivienda provisional, para un campo de refugiados, como hospital de campaña o como escuela móvil.

Durante la pandemia, la compañía ha notado un aumento del interés por su producto. El covid-19 relanzado un espacio que puede hacer las veces de hospital de campaña, ambulatorio improvisado o como plataforma para instalar un arco desinfectante. Son estas tres opciones las más demandadas durante los últimos meses y las que convierten a este refugio en una gran opción para comabtir el virus. En Estados Unidos, la empresa ya ha firmado un contrato de distribución y dicen estar sorprendidos por el atractivo que despertó su producto en este país tras la aparición del coronavirus. 

Pedro Sáez, CEO de Urbana Exteriores -empresa matriz de Suricatta Systems-, explica a idealista/news en qué consiste este refugio que surgió al comprobar cómo las personas afectadas por el terremoto de Lorca en 2011 pasaron de vivir en sus casas a hacerlo en una tienda de campaña en mitad de un campo de fútbol en sólo unas horas.

“Estuvimos trabajando sobre el terreno en Lorca y vivimos en primera persona el drama. Urbana Exteriores tiene más de 20 años de experiencia en la rehabilitación integral de edificios y pudimos ayudar al Ejército a apuntalar inmuebles, entre otras tareas, pero nos dimos cuenta de que no era suficiente, porque había personas que habían perdido en un día unas condiciones de vida dignas”, afirma Sáez.

Tras esta catástrofe natural, este ingeniero de profesión se puso a trabajar en busca de una solución de alojamiento inmediato, que hiciera las veces de refugio de transición y que pudiera convertirse incluso en un alojamiento definitivo. Durante tres años -hasta 2014 que presentó el primer prototipo-, Sáez viajó a varios campos de refugiados y participó como invitado en una convención organizada por Naciones Unidas en 2013. Precisamente, en este evento tuvo la oportunidad de charlar con algunos directores de campos de refugiados que le transmitieron las necesidades de habitabilidad que demandan este tipo de espacios.

De todo ese trabajo previo surgió la filial Suricatta Systems a la que se destinaron recursos humanos y económicos de la matriz, Urbana Exteriores. “Realizamos una gran labor de investigación para analizar qué existía en el mercado y nos dimos cuenta de que no había nada parecido a nuestra idea. Con un grupo de trabajo donde hay arquitectos, ingenieros e incluso exmilitares comenzamos a dar forma a un prototipo que vio la luz en 2014, gracias también a algunas ayudas públicas en el ámbito regional, estatal y europeo”, afirma el CEO de la compañía.

Imagen del interior de uno de los refugios / Surciatta Systems
Imagen del interior de uno de los refugios / Surciatta Systems

Pero al proyecto le faltaba un último impulso financiero para convertirse en una realidad. Fue entonces -a finales de 2014- cuando Banco Santander decidió inyectar un millón de euros, a través de uno de sus fondos inversión, a esta pyme valenciana para construir el primer módulo a escala 1:1.

Una escuela improvisada

Este primer modelo llegó en el año 2016 tras un duro año de trabajo. Este módulo se implantó en un campo de refugiados en Dunkerque (Francia) y sirvió como una escuela improvisada para la población infantil. Porque Sáez recalca que los módulos que comercializa la empresa pueden tener multitud de usos, aunque la idea inicial fuera construir un refugio habitacional temporal para personas desplazadas de su hogar.

“Al final, lo que hemos diseñado es un sistema de arquitectura modular. Tenemos cuatro piezas con la que puedes montar lo que quieras en una dirección o en otra y sin necesidad de anclajes. El uso está abierto porque puede ser una casa improvisada para refugiados, una escuela, un puesto de mando para los bomberos (lo han utilizado en la Comunidad Valenciana), centros logísticos para el Ejército de Tierra, un ambulatorio móvil, una caseta de obra o una vivienda provisonal”, afirma Sáez.

Un abanico de posibilidades que ha alcanzado al alquiler vacacional. “Hemos tenido algún cliente particular que ha comprado nuestro producto para instalarlo en una parcela o terreno de difícil acceso para realizar una construcción tradicional. Gracias a las condiciones de habitabilidad han podido arrendar el habitáculo en páginas web que ofertan viviendas vacacionales”, explica el CEO de Urbana Exteriores.

Características del habitáculo / Suricatta Systems
Características del habitáculo / Suricatta Systems

Módulos de 3,5 m2

Pero ¿cuánto mide este módulo y qué posibilidades ofrece a los que lo habitan? “Comercializamos módulos de 3,5 m2 plegados en un grosor que no supera los 15 cm. El cliente sólo tiene que desplegar la pieza principal como si fuera un acordeón y colocar las otras piezas que corresponden al techo y al suelo. A partir de ahí se pueden unir tantas piezas de 3,5 m2 como se quiera y en cualquier dirección. Además, también se ofrece la posibilidad de departamentar el interior del habitáculo”, narra Sáez.

Una de las características que hace de estos módulos un espacio perfecto para convertirse en un refugio provisional, seguro y habitable es la composición de sus moldes de plástico. “Los materiales que utilizamos son aislantes, impermeables y transpirables para poder reducir la temperatura del interior hasta 10º. Una circunstancia que no se consigue en tiendas de campaña técnicas utilizadas por el Ejército o en módulos metálicos”, explica en este sentido. Este descenso de temperatura se consigue gracias a la composición del techo de este refugio que deja escapar el aire para conseguir una ventilación natural. Un escenario que también se traduce en un ahorro de energía, porque no se tiene que emplear ningún aparato de refrigeración.

Modelos para temperaturas extremas

De todos modos, la compañía es consciente de que la demanda de estos refugios se puede producir en climas muy extremos en los que estas condiciones pueden no ser suficientes. “Tenemos tres tipos de configuraciones. La intermedia que es la que funciona en el 80% de los casos; otra para una zona de calor extremo donde desaparecen casi por completo los aislantes y se potencia la transpirabilidad; y una última para territorios con temperaturas muy bajas donde realizamos todo lo contrario -más aislantes y menos transpirabilidad- para conservar el calor que es lo que nos interesa en ese caso. En este sentido hemos tenido peticiones en República Checa con ambientes muy fríos o en Indonesia con temperaturas muy altas”, puntualiza el CEO de la compañía.

Pero si la refrigeración natural no fuera suficiente, los habitáculos también ofrecen la posibilidad de conectar cualquier aparato a través de una fuente de energía renovable (paneles solares) o mediante un cuadro eléctrico al que se puede enchufar un generador de gasóleo o una toma de corriente normal.

“Ofrecemos a nuestros clientes un kit solar que permite al refugio ser totalmente autónomo. Además, también tenemos un sistema de almacenaje de agua porque uno de nuestros objetivos es ser lo más respetuoso posible con el medio ambiente”, afirma Sáez.

Cuatro módulos (16 m2) caben en una simple furgoneta / Suricatta Systems
Cuatro módulos (16 m2) caben en una simple furgoneta / Suricatta Systems

Un mayor atractivo del mercado internacional

La fecha de caducidad de estos refugios es de una década. Es decir, la vida útil de los módulos es de 10  años, según los estudios realizados por la propia empresa. Hasta el momento han vendido más de 200 de estas unidades desde 2016 -teniendo en cuenta que han sufrido periodos de parón en las transacciones para mejorar el producto- y tienen presencia hasta en 15 países. Una huella que podría ampliarse después de la crisis del coronavirus.

“Hemos notado un aumento del interés con la aparición del covid-19 tanto a nivel nacional como a nivel internacional. Aunque sí es cierto que hasta el momento es el mercado extranjero -sobre todo, Estados Unidos- el que se ha decidido a firmar contratos de distribución con nosotros”, espeta Sáez.

Las razones de las reticencias de la demanda nacional podrían ser presupuestarias (5.500 euros por módulo), pero el propietario de Suricatta Systems defiende que son soluciones que cuestan la mitad que una tienda de campaña técnica del Ejército de Tierra, que cuenta con una menor calidad de habitabilidad y con una fecha de caducidad de un año.