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"De nada sirve poner autoconsumo si la energía se escapa por puertas o ventanas"

Javier García Breva es uno de los principales referentes de la política energética de nuestro país

Javier García Breva, ex director del IDAE
Javier García Breva, ex director del IDAE
Autor: Juanjo Bueno (colaborador de idealista news)

Javier García Breva es uno de los principales referentes de la política energética de nuestro país, experto en modelos energéticos y amplio conocedor de las últimas normativas que sobre eficiencia se están elaborando en los distintos ministerios.

Ex director del IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía), ha formado también parte de la Junta Directiva de APPA, la asociación nacional del sector renovable, y presidido la Fundación Renovable desde su creación hasta 2014. Actualmente, lidera La Oficina de JGB, un proyecto desde el que asesora a empresas, corporaciones y ayuntamientos para el desarrollo de la transición energética.

La reciente aprobación en el Consejo de Ministros del Real Decreto que aprueba el Programa de Rehabilitación Energética de Edificios (PREE), que destinará 300 millones en ayudas directas, nos sirve de excusa para profundizar con García Breva en este y otros asuntos de calado energético.

En cumplimiento con la exigencia europea, el Ministerio ha presentado la tercera actualización de la Estrategia de Rehabilitación a largo plazo (ERESEE 2020), que sucede a las ya publicadas en 2014 y 2017, ¿qué valoración global tiene de este nuevo documento?

En primer lugar, hay que tener en cuenta que la ERESEE no tiene rango normativo alguno, ni aparecerá en el BOE, por lo que su importancia es relativa. La ERESEE de 2014 se hizo sin tener en cuenta la Directiva 2010/31/UE de edificios y rechazaba expresamente las renovables, el CO2 y las aplicaciones inteligentes en la rehabilitación. La ERESEE de 2017 era un conjunto de reflexiones que se han trasladado ahora a la Estrategia de 2020, que tampoco plantea la trasposición completa de la nueva Directiva europea 2018/844 de edificios. Tampoco incluye las Recomendaciones (UE) 2016/1318 sobre el edificio de consumo de energía casi nulo ni (UE) 2019/786 sobre rehabilitación.

La consecuencia es que el concepto del edificio de consumo de energía casi nulo (EECN) de la directiva de 2010, sigue siendo un perfecto desconocido en España, a pesar de que será obligatorio a partir del 31 de diciembre de 2020, tanto en la obra nueva como en la rehabilitación importante. Lo mismo ocurre con las renovables en la calefacción, el autoconsumo, las aplicaciones inteligentes o los puntos de recarga del vehículo eléctrico.

Aunque hace menos de un año el Código Técnico de la Edificación sufrió una profunda revisión, la Estrategia de Rehabilitación propone completar la integración de la rehabilitación en esta normativa, ¿por qué no se ha previsto e incluido en el CTE siendo tan reciente su modificación? En tal caso, como experto, ¿qué puntos propondría incluir en el CTE para impulsar la rehabilitación energética en los próximos años?

Es una costumbre que el CTE lleve diez años de retraso sobre las directivas europeas de eficiencia energética de edificios. La actualización de diciembre de 2019 se basó en la directiva de 2010 y dejaba claro en la primera página del decreto que no era intención transponer la directiva de 2018, cuyo plazo terminó el pasado 10 de marzo.

Ahora, en la ERESEE 2020 se plantea una nueva revisión para incorporar las nuevas directivas europeas, pero sin establecer un plazo. Es la misma imprecisión que se da en las repetidas alusiones a la modificación de la Ley de Propiedad Horizontal para fomentar la rehabilitación en las comunidades de propietarios. Son temas reiterativos que nunca se llevan a la práctica.

La actualización del CTE que se hizo en 2019 debería de haber incluido todas las novedades de la directiva de 2018, es decir, la ampliación de los conceptos de las “instalaciones técnicas del edificio” y del “edificio de consumo de energía casi nulo”, que ahora incluyen las renovables, el autoconsumo, almacenamiento, las aplicaciones inteligentes y su interoperabilidad, sistemas de autorregulación y monitorización, infraestructuras de recarga para el vehículo eléctrico, bombas de calor, microrredes y una metodología de cálculo de la eficiencia energética de los edificios que tenga en cuenta todos estos nuevos elementos.

Se observa en la ERESEE y en el CTE una gran resistencia a incorporar las renovables, el autoconsumo, la conectividad y el vehículo eléctrico como parte de la gestión energética de los edificios. Esperemos que, cuando esto ocurra, no se hayan perdido otros diez años de oportunidades.

Los fondos europeos serán la palanca que permitan reactivar el sector de la rehabilitación, ¿hacia dónde cree y hacia dónde sería deseable que se destinaran estas inversiones?

Dar un valor económico a la eficiencia energética del edificio es fundamental para poder financiar con los ahorros energéticos obtenidos las actuaciones de rehabilitación. Es la clave para la financiación que plantean las recomendaciones de la Comisión Europea.

Las nuevas directivas han establecido un nuevo objetivo para la rehabilitación del parque inmobiliario, como es su descarbonización a través de la eficiencia energética, el uso de energías renovables y la gestión de la demanda.

Según el Reglamento (UE) 2018/1999, sobre la gobernanza de la Unión de la Energía y la Acción por el Clima, el objetivo de la ERESEE ha de ser la descarbonización del parque inmobiliario, a más tardar en 2050, a través de su transformación, económicamente viable, en edificios de consumo de energía casi nulo. La ERESEE 2020 es sumamente complaciente, ya que solo plantea las medidas más importantes a partir de 2040 y 2050 y la desaparición de las energías fósiles solo será tendencia hacia 2050. Por el contrario, el objetivo más importante no debería ser cuántas viviendas se van a rehabilitar sino cuántos edificios vamos a transformar en edificios de consumo de energía casi nulo. Para ello, lo primero es transponer las directivas y recomendaciones europeas y trasladarlos a los códigos de construcción y licencias. En segundo lugar, habría que revisar los menús de intervención y orientarlos hacia mayores objetivos de ahorro de energía y de sustitución de combustibles fósiles, gas, carbón y petróleo. La primera prioridad del fondo europeo de recuperación es la rehabilitación energética y se vincula a las inversiones verdes, por lo que su distribución se va a condicionar a lograr la más alta eficiencia y la reducción de emisiones como objetivos paralelos.

De todas las actuaciones rehabilitadoras que se deberían realizar en un edificio residencial para impulsar la eficiencia y el ahorro energético, cuáles serían, por orden de prioridad, las más necesarias: aislamiento de los revestimientos en cubiertas y fachadas, instalación de energías renovables o renovación de las instalaciones energéticas existentes.

La propia definición del edificio de consumo de energía casi nulo determina las prioridades. Es el edificio que una vez que ha alcanzado la más alta eficiencia energética, la poca energía que necesita la genera en el propio edificio, o en el entorno, con renovables. Es decir, lo primero es la eficiencia energética, actuar sobre la envolvente para reducir la demanda energética, después actuar sobre la eficiencia de las instalaciones y en último lugar las renovables. De nada sirve poner autoconsumo si la energía se escapa por puertas o ventanas.

La Comisión Europea distingue entre rehabilitaciones ligeras, intermedias o importantes, según el ahorro energético sea del 30%, entre el 30% y 60% o superior al 60%; pero insiste en que una rehabilitación ligera no puede impedir o incrementar el coste de una más importante, por lo que apunta a rehabilitaciones por fases y hojas de ruta individualizadas por edificio, dado que se trata de enfoques rentables de rehabilitación.

En los últimos meses se ha agolpado en la mesa de los ministerios para la Transición Ecológica y de Transportes normativas y documentos en proceso o pendiente de aprobación que afectan en mayor o menor medida a la edificación, como la modificación del CTE, el Plan Integrado de Energía y Clima, un nuevo Plan de Rehabilitación… ¿no hay un tanto de confusión entre distintas medidas, muchas de ellas complementarias?

Confusión no, lo que hay es una descompensación entre el ritmo frenético que ha impuesto el MITECO a las reformas energéticas y que responde al inmovilismo regulatorio de los últimos años y al interés por incorporar las directivas en vigor del “paquete de invierno” a la regulación energética y el retraso o ritmo mucho más lento del MITMA en la trasposición de las directivas de edificios de 2010 y 2018 y su incorporación al CTE.

Este desequilibrio no favorece el desarrollo del mercado de rehabilitación y afecta igualmente a las dificultades de financiación y de atractivo para propietarios y usuarios. La rehabilitación energética es interdisciplinar y necesita políticas coherentes e integradas en energía, urbanismo e industria.

La rehabilitación afecta a los tres sectores más importantes del PIB nacional y no puede ser que las tres políticas no aborden la relación que hay entre la rehabilitación energética, la política energética y la política industrial. Un ejemplo claro es la simbiosis entre el edificio de consumo de energía casi nulo y el desarrollo del vehículo eléctrico. Que en la directiva de edificios de 2018 se establezcan los criterios de recarga en donde la gente vive o trabaja y se establezca el modelo de carga inteligente en casa no es una casualidad. Como tampoco lo es que el CTE lo haya ignorado o no se tenga en cuenta en los menús de rehabilitación. Convertir la batería del vehículo eléctrico en una instalación más para la gestión energética del edificio es otra de las claves de la Directiva (UE) 2018/844 y representa la mayor innovación tecnológica, industrial y ecológica.

Acaba de salir a consulta pública la Estrategia Nacional de Autoconsumo, ¿en la situación actual, son viables las comunidades energéticas para autoconsumidores, pymes y comunidades de propietarios? ¿Cuál cree que será el modelo energético futuro de España?

Primero habrá que incorporar las renovables, el autoconsumo, las comunidades de renovables, el almacenamiento, los agregadores independientes de demanda, la recarga del vehículo eléctrico y los contadores inteligentes en los códigos de construcción, en las estrategias de rehabilitación y en los planes de ordenación municipal.

El grado de competitividad alcanzado por las sinergias de estas tecnologías las convierte en los modelos de negocio más importantes del futuro más inmediato en todo el mundo. Los cambios más importantes que se están produciendo tienen que ver con el desarrollo de la capacidad de energía flexible, que es la que puede ajustar la oferta y demanda en tiempo real en cada centro de consumo.

EEUU dispondrá en 2025 de casi 400 GW de capacidad flexible solamente por la combinación del autoconsumo en los tejados de los hogares y el vehículo eléctrico; y será gestionada por los propios consumidores. ¿Qué objetivo se ha planteado España de capacidad flexible? El fallo de mercado que puede derivarse de las reformas actuales es el excesivo empeño por desarrollar grandes instalaciones renovables a gran escala y el escaso empeño en desarrollar la generación distribuida y la gestión de la demanda. En otras palabras, el futuro modelo energético solo será sostenible si se propone transformar el consumidor pasivo en consumidor activo.

Volviendo a la Estrategia de Rehabilitación (ERRESE 2020) no hay cambios sustanciales en la penetración de la geotermia en el sector residencial entre 2020 y 2030, toda vez que hay menos de 25.000 actuaciones realizadas hasta la fecha, ¿por qué no se apuesta con firmeza por esta y otras energías renovables?

La ERESEE 2020 no aborda un desarrollo significativo de las renovables. La previsión en residencial para el periodo 2020-2050 es que el consumo de renovables aumentaría del 18,1% al 18,4%, desaparecerían los combustibles fósiles y el 81,6% sería electricidad. En terciario las renovables crecerían del 2,1% al 8,5%, desparecerían las energías fósiles y la electrificación alcanzará el 91,5% en 2050. Todo se basa en la electrificación de la edificación, sin precisar el origen de la electricidad ni su precio. Por lo tanto, no solo es la geotermia sino todas las fuentes renovables las que no tienen un papel significativo en la rehabilitación energética durante los próximos treinta años.

Está claro que un elevado grado de electrificación garantiza una mayor reducción de emisiones de GEI, pero habría que explicarlo y justificar por qué la generación distribuida se descarta en los menús de rehabilitación cuando es, con la gestión de la demanda, la medida estrella de las directivas europeas del “paquete de invierno” para empoderar a los consumidores que utilizan los edificios. Una oportunidad de corregirlo sería la consulta pública sobre el anteproyecto de Ley de Arquitectura y Calidad del Entorno Construido. Buena noticia es que la calidad de la arquitectura sea un derecho. También las directivas europeas establecen derechos y cumplirlas es la mejor manera de respetarlos; y va a ser imprescindible en el mundo post covid-19.