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Quién debe limpiar la nieve de los accesos a los edificios desde la vía pública y qué ocurre si no se hace

Pixabay
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Autor: @Lucía Martín (colaborador de idealista news)

El que se apresuró a despedir 2020 esperando que 2021 fuese a ser mejor, se equivocaba… Poco más de una semana ha venido a demostrar que el nuevo año viene también pisando fuerte: la pandemia sigue aquí, bien instalada entre nosotros; al otro lado del Atlántico se asaltó el Capitolio y por si fuera poco, llegó Filomena para dejarlo todo blanco, sobre todo en algunas ciudades. Madrid, una de ellas: tras las bonitas imágenes de los madrileños tirándose bolas de nieve y esquiando por la M30, llegan las de los árboles caídos por el peso de la nieve, las cornisas amenazantes que están diciendo “peligro, peligro”… Y por supuesto, los avisos de los médicos de traumatología, que ya están acusando la ristra de caídas.

Este pasado domingo, en cuanto dejó de nevar, empezaba a verse a numerosos vecinos afanándose en quitar la nieve de ventanas y accesos a sus urbanizaciones: escaleras, patios, zonas comunes, rampas..., pero también, de la zona de la vía pública que da a la entrada a los edificios. Y es que, con la bajada de temperaturas y sin sal, la nieve se convierte en hielo que supone un serio peligro en suelo y por supuesto, en cornisas.

Mientras muchas calles siguen sin poder transitarse, porque no se ha visto pasar una máquina quitanieves en varios días ni tampoco se ha echado sal, los vecinos de los barrios han hecho caminos “seguros” en los accesos a sus edificios. En redes, muchos usuarios se han quejado de que tengan que ser los vecinos los que tengan que ocuparse de esta labor, a pesar de los impuestos municipales que se pagan, pero, ¿a quién corresponde esta responsabilidad en realidad?

Pues en realidad, y aunque pueda sonar sorprendente, corresponde a las comunidades de vecinos: “La obligación de limpiar los accesos al inmueble desde la vía pública le corresponden al portero, y, si no hay, a los vecinos que lo pueden hacer directamente ellos o contratar a una empresa para hacerlo. Esto es así en base a las ordenanzas municipales y en casi todas las ciudades, grandes o pequeñas, es similar”, explica Adolfo Calvo-Parra, secretario técnico del Colegio de Administradores de Fincas de Madrid, CAFMadrid.

O sea, que no solo es así en Madrid, sino en muchas otras ciudades de España y también en el extranjero: y si no se hace, puede caer multa (que no es baladí, 750 euros en la capital), sanción que se incrementa por ejemplo, en algunas ciudades del norte, más acostumbradas a la nieve y a que las cantidades que se tengan que retirar, sean más copiosas (y esto lo decimos con permiso de Filomena).

Según las normas del Ayuntamiento de Madrid, en caso de nevada, quienes habiten en fincas urbanas y quienes tengan a su cargo la limpieza de edificios públicos, deben colaborar en la limpieza de hielo y nieve de las aceras en la longitud correspondiente a su fachada y en una anchura mínima de dos metros si la acera es más grande, depositando la nieve o el hielo recogido a lo largo del borde de la acera.

Es decir, la limpieza de las calles, aceras pasajes y zonas comunes deberá llevarse a cabo por la propiedad. Pero no solo pasa en España, sino también en otros países y ciudades: en Alemania, por ejemplo, en el caso de propietarios o inquilinos, las aceras deben estar limpias antes de las 7.00 horas, aunque si la nieve es persistente deberán despejar los accesos cuantas veces sea necesario. Y ojito con la multa: en Berlín puede suponer hasta 10.000 euros. En París sucede otro tanto, o en Nueva York… Incluso corre por cuenta de los vecinos echar la sal.

Aclarada esta cuestión, vamos con otra no menos delicada: las caídas de llos transeúntes que pasasen por delante de la vivienda y resbalasen, algo bastante habitual en estos días de nieve y heladas. ¿Quién corre con los gastos de ese accidente?

Esta legislación es aún más antigua que la de las ordenanzas municipales: “Esto ya se contempla en el Código Civil, las caídas pero también los daños ocasionados por elementos que se caigan (y cuidado, que como ya dijimos más arriba, las cornisas heladas representan un potencial peligro) deben ser cubiertas por los seguros de las comunidades de vecinos, por la póliza en cuestión. Y casi todas los suelen incluir, hay muy pocas que excluyan este tipo de contingencia”, aclara Calvo-Parra.

Los Administradores de Fincas, de hecho, han emitido una serie de recomendaciones tras el paso de Filomena. Según esta fuente, “Los edificios están preparados para soportar una sobrecarga de nieve pero es importante observar cualquier tipo de fisura o grieta que pueda aparecer durante o en los días siguientes a la borrasca”. Además, en caso de congelación de contadores, el Colegio de Administradores de Fincas de Madrid recomienda “Aplicar calor seco, calendando indirectamente su superficie, hasta que se consiga la descongelación del mismo y el correcto paso del agua”.

Dentro de las numerosas recomendaciones que ha realizado este organismo para garantizar la seguridad de los inmuebles destacan las siguientes:

- Fachadas exteriores e interiores. La acumulación de cantidades de nieve en elementos exteriores puede generar la caída de los mismos en los próximos días. El CAFMadrid cita aquellos elementos que sobresalen de la fachada y que pueden haber almacenado nieve que se haya convertido en hielo, como los equipos de aire acondicionado, jardineras, rótulos luminosos, toldos desplegados, antenas parabólicas, etc. “Se debe tener en cuenta que los soportes de estos elementos, en muchas ocasiones no están preparados para soportar las cargas a las que se están sometiendo. “Es importante retirar el hielo o la nieve, si todavía existe, que haya sobre estos elementos, para ello deberá efectuarse con la seguridad suficiente que garantice que no genera daños en los viandantes o viviendas inferiores”, manifiesta la institución.

- Cubiertas inclinadas. Según el CAFMadrid, este tipo de cubiertas deben estar preparadas para soportar la carga generada por las nevadas existentes. “No obstante”, aclara, “ante problemas en las mismas, como puedan ser canalones en mal estado o problemas generados por el movimiento de tejas, dado el estado de la cubierta y la nieve o el hielo existente en la misma, no debe realizarse ningún tipo de intervención, hasta que no sea posible el acceso a la misma”. También es conveniente, en el caso de la formación de estalactitas de hielo, y siempre que sea posible desde algún elemento seguro, retirar las mismas para evitar que puedan caer a la vía pública y generar daños. Cubiertas planas o azoteas. En este tipo de cubiertas se habrán almacenado gran cantidad de nieve, la cual, posteriormente se convertirá en hielo. En este caso, es conveniente que, mientras que la nieve esté blanca y pueda manipularse, sea retirada de los sumideros existentes, con objeto de que con el deshielo el agua generada se pueda evacuar adecuadamente.

- Instalaciones. Debido a las bajas temperaturas es posible que las conducciones de agua o los elementos de medida de estas, queden congelados, interrumpiendo el suministro a las viviendas. Para evitar estos problemas, es importante revisar la protección del armario donde se aloja el contador de medida, comprobando que este se encuentra bien aislado y con la puerta correctamente cerrada. En caso de no ser así, conviene proteger el mismo con elementos que eviten que el frío pueda afectarle, como son tejidos de lana, fibra de vidrio o papel de periódico en gran cantidad, espuma de poliuretano, etc. que cubra la totalidad del contador, así como las tuberías de entrada y salida de este.

“Si el contador ya se encuentre congelado, será conveniente aplicar calor seco, calendando indirectamente su superficie, hasta que se consiga la descongelación de este, y el correcto paso del agua”, explican desde el CAFMadrid. En el caso de instalaciones que durante un tiempo no vayan a ser utilizadas, es conveniente el cierre de la llave de paso, y el vaciado de la instalación interior. Con respecto a los sistemas de calefacción central del edificio, esta institución aconseja mantener encendida la misma las 24 horas, con régimen reducido durante la noche, para evitar una bajada de la temperatura en la vivienda.