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Cada vez que se relaciona socimi con fondo buitre se muere un angelito en el cielo

Metrópolis es la obra maestra del cine expresionista alemán que casualmente se hizo en los años veinte del siglo pasado. Distopía donde hay dos clases de personas, las que viven en la superficie, una élite poderosa de propietarios, y las que viven y trabajan en el gueto subterráneo, que son obreros, maltratados y pobres. No se establecía en la película una división como la tradicional de izquierda y derecha, tanto como de 'insiders-outsiders', arriba-abajo que tan gráficamente se expone con la distribución física de la alienante ciudad imaginaria. Este enfoque aún perdura en la descripción de la sociedad que hacen algunos grupos políticos, con el mismo trazo grueso e infantil de la pieza muda de los años 20.

Pero, como sucede con todas las distopías, afortunadamente, la realidad las ha desacreditado por completo. Y es que no se han cumplido ni las menos agoreras de todas esas deliciosas obras de la literatura y el cine. Nos suelen mostrar un futuro oscuro, un pozo inhumano de injusticia y horror donde los débiles están a merced de los poderosos. El drama para todos estos autores, como para Fritz Lang y Thea von Harbou (creadores de Metrópolis), es que pretendiendo adivinar el futuro, inconscientemente estaban retratando el pasado.

Y lo mismo sucede con las socimis. El capital detrás de las sociedades de inversión inmobiliaria acogidas a este régimen no es especulativo. Las socimis son el tipo de inversor opuesto en perfil y objetivos al inversor de oportunidad (llamados buitres por quienes desconfían de sus intenciones). El inversor del pelotazo existe y existirá siempre, pero su condición de hegemónico en el sector inmobiliario español hace tiempo que se perdió, de nuevo, afortunadamente. Ver en las socimis a los dañinos especuladores, buitres sin alma, es describir el presente con prejuicios del pasado.

A principios del siglo XXI, la gente sensata reclamaba sin éxito que se fomentara un mercado profesional de alquiler (no solo residencial), con gestores de largo plazo que darían estabilidad al mercado, pero también transparencia y liquidez. Gestores que construyen sus carteras de inmuebles pensando en el futuro, que cuidan los activos y que tienen criterio sobre la ciudad que se desea desarrollar. Y que tendrán que responder si se hacen monstruosidades como las del pasado, porque seguirán ahí, con el activo en propiedad, ya que no son proyectos pensados para dar 'el pase'. Las socimis llevan a cabo estrategias atractivas para pensionistas, no para especuladores de Wall Street, pues a éstos no les vale con una rentabilidad por dividendo del 3% y niveles máximos del 30 al 40% de deuda en balance, dos indicadores sintomáticos del negocio patrimonialista y estable de las sociedades de inversión inmobiliaria.

Sería inocente si afirmara que no hay problemas que resolver, en particular en materia de vivienda. Que la desigualdad es un peso que arrastra nuestra sociedad y que debemos seguir siendo audaces con políticas bien diseñadas para fomentar la creación de riqueza y de empleo de calidad, antídotos idóneos para combatir esas desigualdades. Además, también ayudan a fomentar la natalidad y el acceso a la vivienda. Pero las socimis no se dedican a especular con la vivienda, incluso aunque alguna lo haya hecho (por desgracia para la imagen del resto del sector), ni invierten mayoritariamente en ese uso residencial pues están volcadas en oficinas, centros comerciales, hoteles y sector logístico.

Algo habremos hecho mal para que se nos etiquete como fondos buitre en lugar de como aliados de inquilinos que buscan un hogar, un centro de trabajo o un espacio de ventas estable para el largo plazo. Quizá el mayor error haya sido no salir a contarlo y dejar que alguna operación muy mediática y de gran impacto social nos haya definido. En cualquier caso, no podemos dejar que sigan muriendo más querubines. Hay que seguir explicando lo que hacemos y hacerlo mejor todavía. Sirva esta tribuna y este primer artículo para iniciar una serie sobre cómo invierten y quién está detrás de las socimis. Continuará.

Joaquín López-Chicheri es socio-director de 360ºCorA SGIIC. También es presidente y consejero delegado de Vitruvio. Colabora con el Instituto de Empresa como director del programa de gestión del family office y subdirector del programa de gestión patrimonial de activos inmobiliarios.