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Mª del Pilar Leal: "Se critica el modelo turístico de Barcelona, pero es un referente mundial"

El fenómeno del turismo en Barcelona ha impregnado todas las áreas de la ciudad. No solo al sector terciario, la vivienda es un tema que, parece, también se ve afectado por sus consecuencias. Pero aunque para Ayuntamiento y Generalitat sea una obsesión hacer una buena gestión del turismo sin que merme el impacto económico que genera para la ciudad, el modelo turístico de Barcelona no es tan malo como se quiere hacer creer, o así lo plantea Mª del Pilar Leal, directora del Grado en Turismo Internacional del Centro Universitario Ostelea.

Barcelona es una ciudad de escasos 100 km2 donde sus 1,6 millones de habitantes deben convivir con los más de 8 millones de visitantes al año. La relación entre ambos es una de las ambiciones a las que debió enfrentarse el actual gobierno municipal cuando llegó en mayo 2015 al poder. Desde entonces, desde las diferentes áreas de gobernación, han buscado fórmulas y proyectos para apaciguar los efectos negativos del turismo.

Pero, ¿es tan mal modelo turístico Barcelona como lo perciben quienes viven en la ciudad? La historia de Barcelona tiene dos fechas recientes en las que se abrió al mundo: la Exposición Universal de 1929 y, la más fresca y conocida para los que ahora la residen, las Olimpiadas de 1992. Para Mª del Pilar Leal, investigadora en turismo y desarrollo territorial, esa última cita trajo consigo una renovación de infraestructuras, un nuevo plan urbanístico y un desarrollo turístico de éste que la "convirtió en pionera en modelo turístico".

Barcelona, un modelo exportado a otras urbes

"Tendemos a presionar a Barcelona, pero es un referente en ordenación turística y planificación territorial" y, como cuenta Leal, "es un modelo que se ha exportado o adoptado a muchos otros territorios". Pero puntualiza: "lo que no se planteó fue el límite, es decir, cuál era el modelo de ciudad al que se quería llegar con Barcelona".

El mercado hotelero está en continuo crecimiento y los pisos vacacionales, un modelo de estancia también al alza, parece que ejerzan un impacto, directo o colateral, en las viviendas residenciales de las grandes urbes. O, al menos, así lo perciben vecinos y administraciones públicas cuando buscan soluciones para atender a la problemática de la vivienda en la segunda ciudad más cara de España. Es por eso que este pasado 27 de marzo el Ayuntamiento de Barcelona aprobó un paquete de reglas bautizado como Plan Especial Urbanístico de Alojamiento Turístico (PEUAT).

Desde el Ayuntamiento destacan cuatro principios determinantes del PEUAT: "la preserveración de la vivienda, la garantía de una ciudad con un mix de usos equilibrado, velar por la calidad del espacio público y mantener la diversidad de tejidos urbanos". Una de las medidas estrella es, por eso, centrifugar los alojamientos vacacionales (y, consigo, al turismo) a zonas lejos del epicentro de la ciudad.

Es una forma de proteger determinados barrios que se ven amenazados de perder su vida cotidiana por la densidad turística. Pero, ¿puede transformarse en contraproducente escampar el turismo a zonas aún vírgenes al fenómeno? "Desconcentrar el centro es una opción, pero tendremos que volver a buscar un equilibrio entre residentes y visitantes", aconseja Leal.

Un IBI turístico para sensibilizar 

El Plan Estratégico de Turismo 2020 que presentó recientemente el teniente alcalde Jaume Collboni, responsable de Empresa, Cultura y Innovación, diseñaba un turismo que beneficiara a todos, en el cual incluía la posibilidad de crear una tasa especial para pisos turísticos. El gobierno municipal tiene claro que Barcelona es una ciudad turística y no dejará de serlo. Pero en busca de fórmulas para integrarlo y no convertirlo en un obstáculo para los barceloneses, las medidas fiscales ¿limitarían, aislarían o sensibilizarían al turista con la ciudad?

“El impuesto es necesario porque no creo que vaya a limitar la actividad turística”, opina Leal. Los turistas, explica la profesora, también hacen un uso del espacio público y qué mejor manera de integrarlos en la ciudad que “pagando impuestos como hacemos todos. No es una limitación, es concienciación con la ciudad”.

El piso vacacional contra los 'placeless'

El turismo trae de la mano un nuevo modelo económico, una nueva forma de entender los viajes y su experiencia en las ciudades: la economía colaborativa. Compartir trayectos en coches, vender objetos en desuso entre vecinos u ofrecer tu casa para hospedar viajeros son algunas de sus variables. Esta última se ha desarrollado de forma vertiginosa en Barcelona y su éxito se debe, en parte, a una manera de querer interactuar con la ciudad menos artificial: "los hoteles han sido durante muchos años esos lugares llamados 'placeless', donde, vayas a la ciudad que vayas, la habitación es la misma", explica Leal.

Por eso ahora los hoteles se ven forzados a cambiar el rol de interacción con los clientes. "El desarrollo tecnológico, sumado a que el usuario tiene ahora un empoderamiento para puntuar y valorar qué le pareció un lugar, hace que los hoteles deban adaptarse al nuevo turista", valora Leal. Los pisos turísticos son una tendencia que cubre las necesidades de ese nuevo turista, pero "seguirán habiendo hoteles que sean iguales en todas las ciudades",  augura Leal, "aunque muchos deberán entender que necesitan conectar directamente con el cliente y generar unos procesos diferentes de interacción local".