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La morosidad hipotecaria sigue cayendo mientras se dispara la del consumo: así han evolucionado desde el boom

Los expertos ven riesgos en el consumo y piden vigilar su evolución como un indicador de un posible cambio de ciclo económico

En España siempre se ha hablado del problema que provoca el impago de las hipotecas, sobre todo en los peores momentos de la crisis económica y tras el estallido de la burbuja inmobiliaria. Sin embargo, los expertos están poniendo el foco en los préstamos al consumo y en una posible señal de un cambio de ciclo económico. 

Según los datos del Banco de España, el primer trimestre de 2014 fue el peor de las últimas dos décadas, al alcanzar una tasa de morosidad hipotecaria del 6,32%. Desde entonces, los impagos se han ido reduciendo poco, hasta situarse en el 3,89% en junio. Es el nivel más bajo en siete años.

Y es que, de los 512.500 millones de euros que tienen prestados los bancos a los consumidores para adquirir una vivienda, hay menos de 20.000 millones de euros de dudoso cobro, lejos de los casi 38.000 millones que se registraron a principios de 2014.  

En cambio, la morosidad de los préstamos al consumo está registrando una evolución diferente. Y, aunque lleva casi un lustro contenida, desde hace un año se observa de nuevo una tendencia al alza. De hecho, la tasa de mora está en máximos desde principios de 2016, tras acumular en los dos primeros trimestres del año subidas superiores al 8%. Tras estos repuntes, la tasa alcanza el 5,3% y el volumen de préstamos dudosos supera los 5.000 millones de euros, el peor dato desde verano de 2014.

Las razones, según los expertos

¿Y por qué están siguiendo caminos distintos si la mejora económica continúa y cada vez hay más gente trabajando? Los expertos apuntan varias razones, como que la hipoteca es lo último que deja de pagar una familia y que los bancos han rebajado los criterios en la financiación al consumo para, por ejemplo, comprar un coche, amueblar la casa, adquirir electrodomésticos o viajar.

Para empezar, recuerdan que la financiación al consumo tiene un plazo muy inferior al de una hipoteca (dos-tres años en el caso de un electrodoméstico o cinco en el caso de un vehículo, frente a los 20-30 años de la hipoteca) y, en cambio, los intereses son muy superiores. Actualmente el tipo de interés medio de los préstamos al consumo ronda el 8% (en la media de la eurozona se sitúa en torno al 5,1%), mientras que en el caso del crédito a la vivienda el tipo medio ronda el 2,2%. Es decir, es casi cuatro veces más bajo.

Además, y como explica Rafael Pampillón, profesor de Economía en el IE Business School, “el crédito a la vivienda está muy correlacionado con el empleo, por lo que mientras la gente no pierde el puesto de trabajo, no deja de pagar la casa. Pero la financiación del consumo es mucho más volátil y se deja de pagar con más facilidad. Sobre todo, si es de bienes corrientes de bajo precio, como los móviles, los viajes...”

Por su parte, Juan Villén, responsable de idealista/hipotecas, recuerda que los ciclos de morosidad de los préstamos hipotecarios y al consumo son diferentes, tanto por el plazo medio de las operaciones como por la duración del ciclo de recobro. Y también sostiene que otra de las razones es que “los bancos han sido muy agresivos en los últimos años en la concesión de préstamos al consumo, por sus atractivos márgenes y rentabilidad esperada, y seguramente algunos han cruzado alguna línea roja en criterios de riesgo. Sin embargo, en el caso hipotecario esto no ha sucedido, al menos hasta ahora”.

Su teoría la comparte Miguel Córdoba, profesor de Economía Financiera de la Universidad CEU-San Pablo, quien afirma que “después de la crisis, el ladrillo produce sarpullidos a los responsables de riesgos de los bancos. No quieren volver a tener una cartera de inmuebles que no saben qué hacer con ellos y que además les consumen ratios de capital. Por eso, llevan años financiando hasta el 80% del precio del piso (durante el boom llegaron a prestar hasta el 100% y con tasaciones infladas) y mientras tanto han cargado tintas en la concesión de créditos en el consumo, aprovechando la teórica bonanza económica de la que hemos disfrutado durante los últimos años, y que los préstamos al consumo son a medio plazo, mientras que las hipotecas son a 30 años. Los bancos necesitan inversión para vivir, y si no prestan, no ingresan. Por eso, han bajado la guardia en la concesión de crédito al consumo”.

Hasta el Banco de España lleva meses insistiendo en los riesgos de que siga creciendo a pasos agigantados la financiación al consumo (actualmente la banca tiene prestados casi 95.000 millones de euros, la cifra más alta en una década) y de que se siga disparando la tasa de morosidad. De hecho, a principios de verano pidió directamente al sector financiero que endureciera los criterios para conceder préstamos de este tipo.

Un dato a vigilar

Los expertos consultados recomiendan vigilar la evolución de los impagos en este tipo de préstamos. Villén, por ejemplo, cree que “es preocupante, porque es un indicador de un posible cambio”, mientras que José Luis Álvarez Arce, profesor de Economía de la Universidad de Navarra, recalca quepuede ser una señal negativa a la que ir prestando atención, pues podría ser un signo más de debilitamiento de la economía”.

Y lo peor es que no descartan que la cifra vaya a peor. “Llevamos ya unos 15 meses en los que se nota la desaceleración de la economía, y no sólo en España, sino en toda Europa. Lógicamente, esa desaceleración se tiene que traducir en peores expectativas para los agentes económicos, lo cual se traducirá en menor oferta de empleo y posiblemente en despidos. Y no podemos olvidar que la morosidad del crédito al consumo siempre ha estado ligada a los ciclos económicos. Estamos ante un cambio de ciclo, por lo que influirá más en el crédito al consumo que en el hipotecario, que suele resistir bastante bien los ciclos.  Dicho de otro modo, muchos de los que han pedido préstamos para comprar un coche o electrodomésticos, pueden tener problemas a la hora de pagar las cuotas. Y esta situación se irá agravando a lo largo de los próximos meses”, añade Córdoba.

Si miramos las previsiones económicas para los próximos años descubrimos que muchos organismos están revisando a la baja las proyecciones. El consenso (formado por organismos como el Banco de España, la CEOE, los bancos y grandes empresas) ha recortado con fuerza el crecimiento potencial del PIB tanto para este año como para el próximo, y todo apunta a que el Gobierno también revisará a la baja sus cálculos. En este escenario, los hogares ya están preparándose para lo que pueda venir.

2020 y 2021 serán años de cambio y de una clara desaceleración económica. En el segundo trimestre del año, la tasa de ahorro de los españoles ha sido del 19,3%, mientras que en todo el año 2019 fue del 4,85%. Esto nos indica que los españoles se temen lo peor y están aprovechando para guardar dinero, por si vienen mal dadas”, recalca Córdoba.

No obstante, los expertos descartan que el alza de los impagos pueda llegar a convertirse en un nuevo frente para el sector financiero. ¿El motivo? A pesar de que la financiación al consumo se ha convertido en un producto estrella durante años y el repunte de la morosidad puede pasarles factura, la parte principal de los préstamos (es decir, el dinero prestado sin contar intereses) es mucho más reducida que en el caso de una hipoteca y la gestión del recobro, mucho más sencilla.