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Randstad: “Es inviable que la construcción pueda crear un millón de empleos tras el covid-19”

Gtres
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La crisis del coronavirus está golpeando de lleno al mercado laboral. El parón de la actividad derivado del estado de alarma y las medidas para evitar nuevos contagios lleva al paro en la construcción a máximos de tres años y al número de cotizantes, a mínimos de casi dos años y medio.

A pesar de que los datos publicados por el Ministerio de Trabajo situaron al ladrillo entre los sectores económicos que mejor se comportaron en mayo, tras registrar una bajada del desempleo y sumar nuevos cotizantes a la Seguridad Social, lo cierto es que la tendencia a corto plazo sigue sin ser halagüeña.

Actualmente hay 320.000 personas vinculadas a la actividad apuntadas en las listas del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), la cifra más alta desde agosto de 2017, mientras que el número de afiliados se sitúa en 1,13 millones (sumando el Régimen General y el de Autónomos), lo que se traduce en una pérdida de 80.823 cotizantes respecto a mayo de 2019 y al nivel más bajo desde principios de 2018. Desde febrero, el último mes completo antes del covid-19, el sector registra 80.000 parados más y 130.000 afiliados menos.

Y las previsiones apuntan a que el impacto del coronavirus seguirá haciendo mella en el empleo del sector en los próximos meses y que la recuperación no llegará hasta 2022. De hecho, Valentín Bote, director de Randstad Research, explica que “aunque es un sector con mucho potencial en términos laborales, no volverá a registrar ni de lejos las cifras que vimos durante el boom”. Según los datos del INE, en 2008 la cifra de ocupados en el ladrillo superaba con holgura los 2,6 millones, más del doble que ahora.

Por eso, el responsable del servicio de estudios de la consultora de RRHH, recalca que “se ha escuchado mucho en las últimas semanas eso de que el sector va a absorber parados de otros sectores como los servicios o el turismo, pero es inviable que pueda generar un millón de empleos después del covid-19. Antes del estallido de la pandemia era un sector razonablemente sólido, pero ya se estaba desacelerando, por lo que esa posibilidad la vemos como ciencia ficción”. De hecho, prevé más desaceleración en los próximos meses.

Por su parte, Enrique Corral Álvarez, director general de la Fundación Laboral de la Construcción, sostiene que "se podría acabar el año con el empleo en la construcción recuperado al nivel de principios de este mismo año. No obstante, sigue siendo muy difícil hacer predicciones en este momento y cualquier vaticinio sólo es posible siempre que no se vuelva a producir una oleada grave con nuevas medidas extremas de confinamiento y paralización de la economía y de cualquier actividad".

Entre los factores que esgrimen desde Randstad Research para reafirmar su teoría es, principalmente, la caída de la demanda de nuevos compradores de vivienda y el freno en la concesión de hipotecas. Bote recuerda que actualmente hay 3,3 millones de personas en España que están en un proceso de ERTE y 700.000 que han perdido su empleo desde que estalló la crisis del covid-19, lo que impacta en su capacidad de renta, lo que “hará muy complicado que mucha gente consiga una hipoteca”. En su opinión, la demanda de vivienda tardará en recuperar los niveles previos a la llegada del coronavirus.

El sector inmobiliario también adelanta una contracción de la firma de nuevos préstamos para la compra de vivienda que podría estar entre el 30% y el 35%, y superar incluso al golpe que se espera en las compraventas y en el precio. Por otro lado, se espera un freno en la construcción de nuevas viviendas que podría alcanzar el 40%, lo que llevaría a los desarrollos residenciales a cifras de hace cuatro años.

Por si no fuera suficiente, la profesionalización del ‘real estate’, que ha sido uno de los principales cambios positivos del ladrillo desde el boom inmobiliario, ahora juega en contra de la capacidad del sector para ‘recoger’ mano de obra procedente de otros sectores.