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La Rotonda, una reforma con historia: de antigua casa del doctor Andreu a oficina de Nike

Desde hace meses el edificio La Rotonda de la Plaza Kennedy, con más de 111 años de historia, ha recuperado el esplendor. La última operación quirúrgica a la que se ha sometido ha dado lugar a un nuevo edificio de oficinas en la zona alta de Barcelona. De residencia del doctor Andreu a clínica para enfermos terminales, en sus últimos 13 años acumuló abandono y desgaste sin que nada ni nadie asegurara su futura función. Hoy se confirma que una de las afortunadas empresas que lo ocuparán será la firma deportiva Nike.

Ascenso: un hotel de lujo a los pies del Tibidabo

Las nuevas oficinas para Nike solo son el último capítulo de la historia de un edificio que aglutina diferentes identidades, reinterpretándose durante años. La construcción de la también denominada torre Andreu está ligada al nacimiento del parque del Tibidabo y la avenida que subía hasta él, hasta entonces un descampado deshabitado propiedad de la familia Parés Gayol. Los terrenos se compraron por 250.000 pesetas de entonces, en 1906. 

La Rotonda desde avenida Tibidabo / Núñez y Navarro
La Rotonda desde avenida Tibidabo / Núñez y Navarro

El doctor Salvador Andreu, el conocido doctor de las pastillas de la tos, decidió así urbanizar la falda de la montaña con casas ajardinadas al estilo inglés y un nuevo parque de atracciones en la cima, donde culminaba la sierra de Collserola. La puerta al nuevo paseo se abría, cómo no, con la que sería la residencia del doctor, una obra del modernismo que se le encargó al arquitecto Adolf Ruiz i Casamitjana

Según el libro 'Relleus escultòrics' de Manuel García-Martín, Salvador Valeri Sallent, hijo del arquitecto Salvador Valeri i Pupurull, le confesó a su padre que tenía un proyecto para un solar en el paseo Rosales de Madrid. Pero se lo mostró a Casamitjana y este copió el proyecto trasladándolo al encargo del doctor Andreu.

La solemne casa, ubicada entre el paseo de la Diputación Provincial (actual paseo de Sant Gervasi) y paseo del Funicular (actual avenida del Tibidabo), fue conocida como la Rotonda no por la plaza que ahora existe como algunos creen, sino por el templete colorido en lo alto del edificio, decorado con mosaicos de cerámica, con el inconfundible y vistoso 'trencadís' modernista, obra de Lluís Bru. La fama del doctor, además, le concedió bautizar el paseo del Funicular por su nombre. Así fue hasta 1931, cuando se renombró como se conoce hoy en día, avenida del Tibidabo.

planos de Adolf Ruiz i Casamitjana presentados posteriormente a 1906 / Núñez y Navarro
planos de Adolf Ruiz i Casamitjana presentados posteriormente a 1906 / Núñez y Navarro

En 1918 los dueños abandonaron la casa para dar paso a un hotel, el emblemático Metropolitan. El arquitecto Enric Sagnier amplió el edificio e hizo la primera gran reforma. A pesar de ello, ya en 1906 con los primeros planos del edificio se podía intuir que la construcción iba dirigida a ser un hotel donde, incluso, contaría con un teatro o sala de actuaciones. Nunca tuvo lugar ese teatro. La reforma iba a dotar el edificio de un estilo más novecentista, algo menos exuberante y pomposo de cómo se le conocía. 

El hotel, por eso, seguía siendo propiedad de la familia Andreu. Contaba con 73 habitaciones, todas con una salita amueblada, baño y office. Pero lo que prestigió el hotel fue el salón de fiestas. Los vecinos más veteranos del barrio recuerdan el lujo y la suntuosidad que paseaba los domingos y festivos por el hotel, donde se celebraban las bodas de las familias más distinguidas de Barcelona en él. Lex Barker y una joven Tita Cervera, o el reputado tenor Alfredo Krauss están entre sus visitantes. Tenía capacidad para 350 personas en el salón interior, además del jardín comedor para las celebraciones en verano, algo más espacioso.

vista del salón de ceremonias del hotel Metropolitan / www.labarcelonadeantes.com
vista del salón de ceremonias del hotel Metropolitan / www.labarcelonadeantes.com

Caída: la Clínica Rabassa y el abandono

A principios de los años 50 pasó por nuevas operaciones, cuyo responsable fue Josep Sagnier, hijo del autor de la primera rehabilitación. Se empiezan a suprimir elementos arquitectónicos característicos de la fachada para acercarse más a un estilo racionalista y alejarse, de manera irreversible, al modernismo inicial. Se rumoreó que en esa etapa el hotel pudo ser búnker durante la Guerra Civil. El lujo se mantenía intacto en el interior, pero la caída de su celebridad solo había hecho que empezar. 

Aspecto que dejó el abandono de la clínica Rabassa / www.labarcelonadeantes.com
Aspecto que dejó el abandono de la clínica Rabassa / www.labarcelonadeantes.com

Nadie recuerda dónde recae el punto de inflexión entre el lujo y la degradación del hotel, pero fue a finales de los 60 antes de que adoptara un nuevo uso, el de la clínica Rabassa, para enfermos terminales. Nadie guarda buenas palabras para esa faceta del edificio, la que más años duró: casi 40 años. A punto estuvo de ser derribado por decisión de sus propietarios, aún la familia Andreu, y así sacar rédito del terreno, pero en 1976 se rescató del desastre al ser declarado monumento historicoartístico local gracias a la movilización vecinal que unió fuerzas con un grupo de arquitectos que valoraban el emblemático inmueble. 

Resurrección: la esperada reforma

La constructora Núñez y Navarro había iniciado el camino de comprar patrimonio singular y rehabilitarlo. La Rotonda entraba dentro de ese capital inmobiliario adquirido, al igual que la Torre Enric Cera o la Casa Lleó i Morera. Núñez y Navarro compra de La Rotonda en junio de 1999, por 2.500 millones de pesetas que se embolsó la familia Andreu, y se empezó a barajar qué nueva faceta adoptaría el edificio. 

Antes de que Núñez y Navarro la adquiriera, el arquitecto Francesc Labastida la maquilló en 1992 para que luciera bonita con motivo de las Olimpiadas: restauró la cúpula y arreglaron la fachada. Formaba parte de la ruta del modernismo como reclamo turista. Pese a ello, no fue hasta 2003 que la clínica abandonó el edificio, cuando acabó su contrato de arrendamiento con la familia Andreu. Desde entonces una lona verde de la firma inmobiliaria cubría La Rotonda que dejaba entrever, pese a la agonía y deterioro de la oxidación, la joya arquitectónica que fue.

Como cualquier rumor, se iban dispersando diferentes versiones, ninguna con la suficiente solidez, sobre cuál iba ser su destino. Una de las opciones que se rumoreaban era la de otro hotel para los 11.000 m2 de La Rotonda.

Vista del templete desde su interior. / Núñez y Navarro
Vista del templete desde su interior. / Núñez y Navarro

Y de esos rumores florecieron conflictos para dicha reforma, entre los vecinales y empresariales. La plataforma 'Salvem la Rotonda' (salvemos La Rotonda) llevó a los tribunales al actual dueño al considerar que el Plan de Mejora Urbana para recuperar el inmueble iba en contra el patrominio arquitectónico del barrio. La sentencia judicial no llegó a buen puerto, para entonces las obras ya estaban en una fase avanzada. El interior tuvo cambios más notorios: se amplió y quedó irreconocible, con un estilo mucho más funcional. Hay un logro que la plataforma vecinal se atribuye: proteger la fachada de la reforma, la parte más espectacular, junto al templete.

Finalmente, el camaleónico edificio volvió a cobrar vida. Se sacan las camas de enfermos y se firma en 2012 que la reforma la realice el equipo de Alfredo Arribas Arquitectos Asociados, responsables de rehabilitaciones como la del Cercle Artístic en el Barrio Gótico o el Moll d'Espanya, en el Port Vell de Barcelona. La Rotonda actual ve la luz a finales de 2016, a gusto de unos y a disgusto de otros. La reforma supuso 70 millones de euros.

aspecto actual de la planta circular / Núñez y Navarro
aspecto actual de la planta circular / Núñez y Navarro

El último inquilino del nuevo aspecto del edificio será Nike. Así lo confirmó la firma deportiva la semana pasada: su nueva dirección fiscal dejará de ser el Prat del Llobregat para ocupar 4.300 m2 del singular edificio barcelonés. Antes de que apareciera Nike, por eso, ya se confirmó la llegada de otro vecino, la consultora Accenture. Fue en octubre en 2016, recién acabadas las obras, cuando firmaron el contrato de alquiler para la planta superior del inmueble. 

A día de hoy solo queda un local por ocupar, justo al lado de la farmacia (el único establecimiento que quedó inalterado con la reforma). Se trata de 407 m2 en uno de los bajos del edificio, en el lado que da a Paseo Sant Gervasi. Según la información publicada en la web de la inmobiliaria, se alquila a un precio de 15.619 euros al mes.