¿Te imaginas que el espacio dónde vives se mimetizara con el entorno, hasta tal punto de desaparecer? Existe una curiosa tendencia arquitectónica donde las paredes son substituidas por espejos, lo que permite desvanecerlas con el paisaje al reflejar montañas, bosques y cielos, ofrecen una experiencia totalmente inmersiva.
La popularidad de esta tendencia crece especialmente en el ámbito del turismo rural, donde la discreción visual y el diseño minimalista permiten habitar la naturaleza sin alterarla. Así se presenta Tu Tu’ Tun Lodge, un histórico alojamiento rodeado de montañas y junto al río Rogue (Oregón), en el que se ha incorporado una serie de cabañas de espejos, ampliando su oferta de descanso y bienestar en plena naturaleza.
Un hotel histórico se reinventa
El Tu Tu’ Tun Lodge toma su nombre de la tribu indígena Tututni, originaria de la región. Desde su apertura en los años 70, ha sido un destino de retiro y contemplación, pero su nueva etapa bajo la gestión de Charming Hospitality ha supuesto una gran transformación.
El grupo no solo renovó el complejo principal, sino que amplió el recinto con nuevas áreas de alojamiento en terrenos adyacentes que antes funcionaban como parque de caravanas, lo que permitió instalar unidades semipermanentes sin requerir permisos adicionales.
En este nuevo espacio, se han instalado 12 cabañas espejadas diseñadas por ÖÖD distribuidas a lo largo del terreno inclinado. Estas paredes espejadas “reflejan su entorno -el vasto cielo estrellado, las majestuosas cimas de las montañas, el río Rogue y mucho más- y ofrecen a los huéspedes unas vistas sin obstáculos”, explican desde el equipo.
Cada unidad está diseñada para dos personas y ofrece una experiencia de aislamiento absoluto, gracias a su disposición que impide que una cabaña vea a otra. Los tres lados principales están compuestos por cristales del suelo al techo, tratados para que sean tintados por dentro y reflectantes por fuera, lo que garantiza privacidad sin sacrificar las vistas.
En su interior, los espacios son compactos, pero funcionales: camas dobles, baño completo, tocador, armario y una pequeña mesa con sillas. Mientras que, en el exterior, cada cabaña dispone de una terraza privada con chimenea, pensada para disfrutar del atardecer o del sonido del agua. A pocos metros, una sauna de leña también revestida de espejos permite alternar el calor con baños fríos en el propio río, intensificando la conexión sensorial con el entorno natural.
Escapada frente al río Rogue
El conjunto de cabañas se integra con el lodge principal, que mantiene su estética rústica de madera, pero incorpora interiores renovados. Según el equipo, el hotel está “inspirado en las texturas naturales del noroeste del Pacífico, cada elemento de la propiedad está diseñado para envolver a los huéspedes en la naturaleza”.
En total, el complejo ofrece 18 habitaciones y dos suites, junto con cuatro casas independientes de dos o tres dormitorios (llamados Otter Point, Fern Creek Cottage, River House y Osprey Bend) que pueden alquilarse para grupos o estancias prolongadas.
La experiencia se completa con un restaurante de autor dirigido por el chef Derek Piva, que promueve la filosofía “de la naturaleza a la mesa”, destacando los productos locales y la cocina sostenible del noroeste del Pacífico. Los comensales pueden elegir entre el interior con chimenea de piedra o el patio exterior con vistas al río.
La oferta del complejo se amplía con estas 12 cabañas prefabricadas que ofrecen una situación ideal para este tipo de hoteles rurales, integrándose visualmente con el paisaje. Sin embargo, este tipo de estructuras no está exento de debate: sus críticos alertan sobre el riesgo que los reflejos pueden suponer para la fauna local, especialmente para las aves.
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