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Los gráficos que explican por qué Europa aún no está preparada para subir los tipos de interés

Europa y Estados Unidos parecen abocados a afrontar de forma diferente las crisis y las recuperaciones económicas. Ya en 2007, el francés Jean-Claude Trichet y el americano Ben Bernanke, quienes gobernaban entonces el Banco Central Europeo (BCE) y la Reserva Federal, desarrollaron estrategias monetarias muy diferentes.

Mientras la primera economía del mundo empezó a bajar los tipos de interés hasta dejarlos en la horquilla del 0,0%-0,25% en diciembre de 2008, la región de la moneda común no los situó por debajo del 1% hasta verano de 2012, cuando la crisis de deuda soberana estaba en su punto álgido. Y ahora, casi una década después de los primeros movimientos a la baja, EEUU vuelve a adelantarse en el calendario.

En diciembre de 2015, el banco central estadounidense aplicó la primera subida en casi una década, a la que han seguido otras tres (diciembre de 2016, marzo de 2017 y junio de 2017), y que han dejado los tipos entre el 1% y el 1,25%. Lejos de frenar la tendencia, el mercado ya descuenta que en el mes de diciembre volverá a incrementar los tipos de interés, mientras que en el Viejo Continente las previsiones retrasan cualquier repunte hasta finales de 2018-principios de 2019, así que hasta entonces podrían mantenerse en el 0,0% actual. Y eso que los primeros espadas de ambas instituciones han cambiado desde la crisis: el italiano Mario Draghi es ahora el guardián del euro y Janet Yellen, la líder de la Fed.

¿Pero cómo es posible que la hoja de ruta sea tan dispar? Según explica Joaquín Casasús, director general de Abante Asesores Gestión, “Estados Unidos es el único mercado que está actualmente en condiciones de subir los tipos de interés. Está viviendo uno de los ciclos de crecimiento económico más largos de su historia, tiene casi pleno empleo y los precios se mantienen cerca del objetivo de la Fed. Además, la bolsa está en máximos, al igual que el beneficio agregado de las empresas cotizadas, que este año y el próximo podrían superar el récord que ya marcó en 2016”.

La eurozona, sin embargo, está viviendo una recuperación mucho más lenta: lleva creciendo de forma continuada la mitad de tiempo que EEUU, la tasa de paro es el doble de alta, los beneficios de las cotizadas siguen sin volver a niveles precrisis y la inflación no termina de remontar el vuelo. A todo ello se suma que el euro se está fortaleciendo frente al dólar, lo que podría retrasar las posibles subidas de tipos: un movimiento al alza podría revalorizar más la divisa común y restar competitividad a los 19 países de la región, para los que las exportaciones están siendo un pilar de crecimiento.  

EEUU lleva 32 trimestres creciendo y Europa, 17

La primera ventaja clara de EEUU sobre los 19 países que forman la eurozona es que su economía lleva creciendo casi el doble de tiempo. En concreto, el PIB estadounidense acumula ya 32 trimestres consecutivos de expansión, lo que se traduce en 96 meses. Así, lleva creciendo de forma consecutiva desde el segundo trimestre de 2009, hace justo ocho años. En cambio, la eurozona ha vivido dos recesiones: la primera durante 2008 y parte de 2009 y, la segunda, durante 2012 y principios de 2013. Actualmente suma 17 trimestres consecutivos de repuntes, lo que se traduce en 51 meses y en poco más de cuatro años. Además, la economía americana está creciendo a un ritmo superior.

Según los analistas, la primera potencia mundial está viviendo uno de los periodos de crecimiento más prolongado de su historia. Para hacerse una idea, los ciclos alcistas han durado de media unos 47 meses, menos de la mitad de los que acumula actualmente. La razón de que esté durando tanto tiempo es que ha sufrido la mayor recesión en casi un siglo y que el crecimiento actual está siendo más suave que el observado en el pasado.

EEUU tiene pleno empleo y Europa, un paro del 9%

A pesar de que el BCE no suele guiarse por la tasa de paro a la hora de tomar decisiones monetarias, es un factor que tiene muy en cuenta la Reserva Federal. Actualmente la tasa de paro en EEUU se sitúa en el 4,4%, lo que significa que el mercado laboral roza el pleno empleo, mientras que en la región de la moneda común la tasa de desempleo es el doble de alta: se mantiene cerca del 9%.

Es curioso que solo durante unos meses la tasa de desempleo fue más baja en la eurozona que en la economía estadounidense, que históricamente ha sido más baja y actualmente sigue dibujando una tendencia descendente. Desde que empezó el siglo, solo hubo un mes en el que la tasa de paro en EEUU se situó en el 10% (octubre de 2009), mientras que la eurozona ha sufrido un desempleo de dos dígitos entre septiembre de 2011 y mayo de 2016.

La inflación y el ansiado objetivo del 2%

La inflación es, quizá, la variable que más vigilan de cerca los bancos centrales de ambos lados del Atlántico. A pesar de que cada mercado tiene sus características, tanto el BCE como la Fed sitúan su objetivo de inflación en torno al 2%. El nivel deseado, según el guardián del euro, es cerca del 2%, pero por debajo de dicho nivel. Lo que realmente miran las autoridades monetarias es la evolución de los precios descontando los más volátiles, como los alimentos o la energía. Es lo que se denomina inflación subyacente. Como se aprecia en el gráfico, este indicador suele ser superior en EEUU y en los últimos meses se ha acercado bastante a ese 2%. A pesar de que recientemente ha bajado, sigue siendo superior al que registra la eurozona. 

El euro se está encareciendo frente al dólar

La moneda común se ha revalorizado respecto al dólar cerca de un 15% en lo que llevamos de año, como consecuencia del respaldo al euro que ha dado los resultados electorales (no han triunfado los partidos populistas). Además, el billete verde se está abaratando por motivos como la incapacidad del presidente Donald Trump de sacar adelante algunas reformas que prometió o a un papel más moderado de lo previsto por parte de la Fed.

La cuestión es que la moneda común ronda ya su nivel de equilibrio frente al dólar, y una posible subida de los tipos de interés podría encarecerla aún más y frenar la competitividad de los países de la eurozona, entre los que hay potencias exportadoras. Así, el guardián del euro se ha mostrado preocupado por su evolución y ha asegurado que será una variable muy a tener en cuenta a la hora de tomar decisiones en los próximos meses.

El beneficio de las empresas y la bolsa, en máximos

A pesar de que la evolución de los mercados o el beneficio empresarial no están entre las variables que determinan un movimiento en los tipos de interés o la puesta en marcha de un programa de compra de deuda por parte de un banco central, lo cierto es que sí son dos factores que están relacionados con las variables anteriores. Tanto es así que la recuperación de la economía estadounidense está impulsando los beneficios empresariales y a Wall Street hasta niveles nunca vistos. 

Según recuerdan desde Abante Asesores, el beneficio por acción ponderado de las empresas que componen el índice estadounidense Standard&Poor’s 500 ya marcó máximos históricos en 2016 tras situarse en 119,4 dólares por título, cuando en 2006-2007 se situaba alrededor de los 80 dólares. Por si no fuera suficiente, el consenso de FactSet prevé nuevos récords: si se cumplen sus previsiones, la cifra podría superar este año los 131 dólares y elevarse en 2018 por encima de 146 dólares.

Europa, sin embargo, sigue por debajo de la zona precrisis. En 2016, por ejemplo, el beneficio agregado de las cotizadas del índice Eurostoxx 600 se situó en 20,6 euros por acción, mientras que en 2006 y 2007 la cifra superaba los 25 euros. Habrá que esperar hasta finales del año que viene para ver unos niveles similares, aunque ni siquiera en 2018 el beneficio agregado logrará empatar aquellos máximos.

Algo muy similar ocurre en el mercado de valores. Mientras el indicador S&P 500, uno de los más importantes de Wall Street, cotiza en niveles récord, al Eurostoxx 600, el índice de referencia del Viejo Continente, todavía le queda camino que recorrer. Y es que, mientras el índice americano lleva año y medio cotizando por encima de la barrera de los 2.500 puntos, un nivel inédito en la historia, su homólogo europeo aún no ha sido capaz de superar máximos: llegó a rebasar la barrera de los 400 enteros a principios de junio de 2007.