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Por qué el paro en España es cuatro veces más alto que en Alemania, Reino Unido o EEUU

El mercado laboral ha dado un vuelco en España en solo cinco años. Si a principios de 2013 la tasa de paro marcó máximos históricos en el 26,94%, actualmente se mueve en el 15,28%, de acuerdo con los datos del INE.

La tasa actual ya se encuentra por debajo de la media de los últimos 30 años (17,46%) y está más cerca del mínimo de la historia reciente (7,9% en primavera de 2007) que del récord de hace un lustro. Y la previsión de los expertos es que siga cayendo hasta quedarse por debajo del 14% en 2019.  

Los organismos nacionales e internacionales alaban los esfuerzos que ha hecho nuestro país, aunque si miramos el panorama global la fuerte mejora no ha sido suficiente: seguimos teniendo la segunda tasa de desempleo más alta de los países desarrollados, solo superada por Grecia. De hecho, en agosto el mercado laboral se ha tropezado con la mayor subida del paro en dicho mes desde 2011. 

Y lo peor es que las futuras mejoras se van a encontrar con dos lastres: el primero, que la tasa de paro estructural se ha elevado con la crisis y se sitúa actualmente en el 10%-11% (hace una década era del 8%); y el segundo, que seguimos a años luz de los niveles de paro que registran algunas de las economías más potentes del mundo, como EEUU, Reino Unido, Japón, Noruega o Alemania. En su caso, solo cuatro de cada 100 personas no tienen trabajo. Así ha evolucionado la tasa de paro:

Pero ¿por qué tenemos una tasa estructural tan alta? ¿Y por qué hay tanta diferencia de paro con los demás países? En general, los expertos hablan de varios factores: los desincentivos al trabajo, el desajuste entre la oferta y la demanda laboral, el coste de la contratación para las empresas, la elevada temporalidad, la ineficacia del sistema de recolocación de parados o la falta de medidas para frenar la destrucción de empleo en tiempos de recesión económica. Repasamos en qué consisten estos factores de la mano de los expertos.

Según explica Daniel Lacalle, economista y director de inversiones de Tressis, “España es el único país que yo conozco que ha tenido tres veces un paro superior al 20% durante más de 10 trimestres. ¿Cómo es posible que haya pasado esto y que no se produjera una absoluta locura en la sociedad? Pues porque desafortunadamente hay muchos desincentivos al trabajo que permiten que la gente se acostumbre a esa situación tan tremenda que es el paro. Hay desincentivos a la movilidad, la familia, al emprendimiento… Algunos países como Alemania, Reino Unido, Japón, Estados Unidos tienen prácticamente pleno empleo y no es una casualidad”.

Para Valentín Bote, director de Randstad Research, también entra en juego otro factor. “Además de los desincentivos y de la propia rigidez del mercado laboral, existen fuertes desajustes entre la oferta y la demanda. Miles de parados tienen un perfil y unas competencias que no se demandan. Es cierto que las empresas muchas veces no encuentran los candidatos que necesitan”, recalca.

Por otro lado, Manuel Alejandro Hidalgo, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Pablo Olavide de Sevilla, hace hincapié en un motivo de carácter institucional: el modo en el que regulamos e imponemos impuestos en el mercado de trabajo. Por ejemplo, no se vinculan los salarios a la productividad, las prestaciones por desempleo son relativamente elevadas, las cotizaciones sociales que pagan las empresas por su plantilla también son altas respecto a otros países europeos y existe una elevada temporalidad en los contratos laborales.

Las cifras oficiales hablan por sí mismas: prácticamente 27 de cada 100 asalariados de España tienen un contrato temporal (en el caso de los jóvenes la relación es del 73%, un récord en Europa), el empleo a tiempo parcial está en máximos históricos y las empresas pagan por sus plantillas una de las cotizaciones sociales más altas de toda la UE. De hecho, la patronal se queja de que España recauda más por este concepto que por IRPF o IVA.

Y aquí no acaban las explicaciones. Raymond Torres, director de Coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) añade tres argumentos más. Uno de ellos es que falla el sistema de recolocación de parados. Mientras en Reino Unido o algunos estados de EEUU los desempleados cuentan con un orientador profesional que conoce las necesidades de las empresas locales y con el que se reúnen de forma recurrente, en España las competencias están repartidas entre el Servicio Público de Empleo Estatal (antiguo INEM) y las autonomías, lo que impide un correcto funcionamiento.

Por no hablar de que en países como Alemania tienen instaurados unos mecanismos de ayuda específicos para que las empresas mantengan el empleo en momentos de crisis a cambio de que los trabajadores acepten durante un tiempo determinado un recorte de horario y sueldo. “Estas medidas lograron que en 2008 el empleo en el país germano cayera muy poco, a pesar de que la actividad se redujo más que en España”, aclara Torres.

También entran en escena otros factores como el estado de desánimo en el que entran muchos parados que no logran reincorporarse al mercado laboral o que los salarios reales siguen sin despegar. “La importante y creciente parte de trabajadores en empleos mal pagados o a tiempo parcial involuntario es uno de los principales factores que explican la evolución negativa de los salarios en España”, resalta la OCDE en un informe reciente, que añade que esto explica que el nivel de seguridad laboral de los trabajadores españoles sea el segundo más bajo de los países ricos (solo superado por el de Grecia).

En este sentido, los expertos recuerdan que se demoniza y penaliza fiscalmente la remuneración no salarial, mientras que en el extranjero (principalmente en las economías anglosajonas) sí son frecuentes los pagos en especie; por ejemplo, vía acciones de la empresa.

Por último, los expertos ponen de relieve que hay una desconexión entre el sistema educativo y el mercado laboral, algo que afecta principalmente a los jóvenes. Desde el mundo empresarial llevan años reclamando una mayor armonía entre la formación y las necesidades reales del tejido productivo.

Unas peligrosas consecuencias...

Todos los problemas anteriores están enquistados en el mercado laboral doméstico y provocan que la tasa de paro estructural sea de dos dígitos. Este escenario, a su vez, plantea varios problemas.

Según un informe de Funcas, entre las consecuencias que acarrea una alta tasa de paro estructural o la cercanía de la tasa de paro efectiva a la estructural están la limitación del crecimiento potencial de la economía española, la exclusión laboral de muchas personas que están en situación de desempleo y la pérdida de competitividad.

“En primer lugar, una tasa de paro estructural elevada supone la infrautilización de la capacidad productiva, ya que una parte del factor trabajo disponible en la economía se mantiene ociosa, pesando negativamente sobre el crecimiento potencial. Cuanto mayor es la tasa de paro estructural, menor es el crecimiento potencial y más vulnerable es una economía a las espirales inflacionarias”, explica la fundación.

Y añade que “el paro estructural, además, tiene un doble impacto negativo sobre los ingresos públicos: no solo merma la capacidad recaudatoria de la Administración Pública, sino que incrementa la demanda de recursos destinados al mantenimiento de rentas en forma de subsidio por desempleo y otras prestaciones de carácter social. Sin olvidar que supone la exclusión laboral de una parte importante de los trabajadores, principalmente de los que llevan parados más de un año (parados de larga duración) y que, por definición, son difícilmente empleables”.

... Y unas soluciones claras

¿Y qué hacer para dar un vuelco a esta situación? Estas son algunas consideraciones generales de los expertos.

Daniel Lacalle, por ejemplo, cree que existe “demasiada comodidad en todo el sistema” y propone una "reflexión sobre qué es lo que está fallando en España para que haya ese nivel de complacencia. Es algo que debemos pensar empresarios, trabajadores, estudiantes y también Administraciones”.

Funcas, por su parte, considera necesario “reforzar el gasto en políticas activas, orientándolo hacia la mejora de las habilidades y conocimientos de los trabajadores (especialmente de los que están parados); impulsar el autoempleo; mejorar el clima de negocios; aplicar medidas en defensa de la competencia; y reducir rigideces en el mercado laboral, sin que ello suponga desatender la calidad del empleo generado”.

Para el director de coyuntura de la fundación también merece la pena aprovechar las épocas de bonanza económica para instaurar medidas capaces de frenar la destrucción de empleo en tiempos de crisis y mejorar el sistema para recolocar a los parados”, mientras que desde Randstad insisten en la necesidad de “adaptar la formación a los nuevos tiempos” para impulsar la reincorporación al mercado laboral.