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Cómo (sobre)vivir a 60 grados bajo cero: así es la ciudad más helada del planeta

Autor: Carlos Salas (colaborador de idealista news)

Quizá estemos atravesando el año más cálido que se recuerda en nuestro planeta, pero los habitantes de la ciudad siberiana de Oymyakon (Rusia) están viviendo el invierno de siempre: hasta 60 grados bajo cero. Situada en la república de Sajá, en el oriente siberiano cerca del mar ártico, queda a dos días en coche de la ciudad de Yakuts, la capital. 

Esta fría y pequeña localidad –tiene menos de 500 habitantes– batió el record mundial de la ciudad más fría del mundo en el invierno de 1924, cuando llegaron a los 71,2 grados bajo cero. Y, aunque no ha llegado a esos niveles, el mercurio ha bajado esta semana hasta los -62º C.

Pero ¿realmente puede un ser humano vivir en esas condiciones? Los habitantes responden que sí... y lo hacen con una sonrisa. Combaten el termómetro bebiendo el ‘té ruso’. ¿Té ruso? Se refieren al vodka, la bebida nacional que causa estragos en los hígados de millones de rusos cada año. Pero es lo mejor que se les ocurre a los habitantes de esta ciudad que tiene el suelo permanentemente congelado: viven sobre el permafrost.

Lo raro es que el nombre de Oymyakon significa ‘agua derretida’ porque a pocos kilómetros hay una zona de aguas termales.

Las altas temperaturas se producen porque la localidad está enclavada entre dos montañas y se produce el fenómeno de inversión térmica: la temperatura es más cálida en las cumbres que en el valle, ya que el aire frío queda atrapado y por la gravedad, cae y disminuye la temperatura del pueblo. 

El frío es tan terrible en invierno que si a un ciudadano se le ocurre salir con las gafas puestas, se le quedarán pegadas a la cara. Eso es lo mejor que le puede pasar.

A 50 grados bajo cero lo difícil es que las cosas no se congelen, lo cual incluye todos los materiales que contengan líquidos. Por ejemplo, los aseos no pueden estar dentro de casa por la sencilla razón de que las cañerías se congelan y se taponan. Los aseos están fuera de casa.

El fotógrafo Amos Chapple confesó a 'The Weather Channel' que cuando visitó la ciudad para realizar un reportaje fotográfico, no podía abrir mucho la boca porque la saliva se le convertía en agujas de hielo.

Otra de las dificultades que afrontan los habitantes de Oymyakon es que si a un señor se le ocurre morirse en invierno, no es fácil enterrarle en el permafrost.
Los enterradores aplican primero fuego a la sepultura y luego proceden rápidamente a la inhumación antes de que el permafrost acabe de endurecer todo. 

Debe ser la única ciudad del mundo en la que los garajes de las casas tienen calefacción. El motor los coches, cuando salen de los garajes, no puede ser apagado hasta llegar a otro garaje con calefacción, pues el vehículo corre el riesgo de no encenderse hasta la primavera. Y si un habitante pasea más de la cuenta por las calles puede acabar como una estatua de hielo.

Por supuesto, no hay vuelos comerciales en invierno. Sería muy peligroso o bien los pasajeros se arriesgarían a empujar el avión, como pasó en Igarka, en el centro de Siberia, una ciudad más ‘cálida’ que Oymyakon.

Con esas temperaturas y los largos inviernos (y cortos veranos, aunque calurosos) no da tiempo para tener cosechas. Los habitantes se alimentan de pescado frío, que capturan en bajo los ríos congelados, e hígado de caballo. La carne es casi una delicatesen y a la gente del pueblo le gusta comerla con sopa.

Ni siquiera dan tregua los días soleados. ¿Temperatura? Según el tiempo meteorológico, se pueden dar hasta 55 grados bajo cero. Todo un reto.

Por cierto, no traten de darse un paseo virtual por las calles de Oymyakon porque ningún coche de Google Street View ha llegado hasta la ciudad. Solo hay un punto en el mapa de Google Maps.