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San Fidel 87: una parcela de 54 m2 para levantar una de las viviendas unifamiliares más altas de España

Jon Goitia, arquitecto y especialista en la transformación de locales comerciales en viviendas desde su empresa Goitorre, se embarca en su proyecto más personal: construir la casa unifamiliar más alta de Madrid y la segunda de España, aunque de obra nueva sí retendría este honor, porque la que lidera es una rehabilitación localizada en Navarra.

La vivienda se levantará en un solar de 54 m2 ubicado en el número 87 de la calle San Fidel, donde una pequeña empresa de inversiones había proyectado un edificio con un local comercial y cuatro pisos independientes. Ahora, Goitia ha comprado la parcela y cumplirá el sueño de su vida: emular las construcciones de las casas holandesas.

Un terreno de diminutas dimensiones, lleno de malas hierbas y localizado entre dos edificios de viviendas del barrio de Bilbao, en Pueblo Nuevo. A priori, con estos ingredientes serían pocos los inversores que arriesgasen su dinero para comprar esta parcela, pero Goitia tiene un sueño desde que comenzase la carrera de arquitecto y lo va a perseguir hasta el final.

“Vine a ver un local en la manzana de al lado y me encontré con este terreno. Ya había visto otros dos o tres parecidos a este, pero a precios inalcanzables para mí. Este es un barrio de rango medio y aquí sí puedo hacerlo, porque no era cuestión de endeudarme por cumplir un sueño”, afirma el arquitecto. “La inversión total con la compra del solar, los permisos, la obra… será de medio millón de euros”, agrega.

La idea de Goitia es terminar el proyecto básico lo antes posible y pedir licencias para comenzar la obra. “Los primeros trámites nos llevarán entre ocho y diez meses. Después la construcción durará año y medio, así que la vivienda podría ser una realidad dentro de dos años y medio”, asevera.

Pero ¿cómo se distribuye esta vivienda unifamiliar? El inmueble consta de un sótano con capacidad para aparcar hasta dos vehículos, donde se ubicará un pequeño trastero y el nacimiento de las escaleras que darán acceso a la planta baja, que tendrá acceso a su vez también desde la calle principal (San Fidel). Al llegar a esta, el propietario se encontrará con un vestíbulo de doble altura, con un salón comedor y con una cocina, además de un aseo de cortesía y un pequeño ropero. Más arriba, en la primera planta, Goitia instalará un estudio de arquitectura para él y su pareja, que también es compañera profesional.

En la segunda planta habrá dos habitaciones, la de su hijo y otra de invitados, que compartirán un baño. Una más arriba, en la tercera, se emplazará el dormitorio principal con un vestidor (todo en modo ‘suite’) y un baño. La cuarta altura estará dedicada al deporte, porque este arquitecto planea instalar un gimnasio con una terraza para poder practicar yoga y otras disciplinas similares. Precisamente desde esa terraza saldrá una escalera de caracol para subir al ático, la joya de la corona de la casa. Esta azotea estará equipada con una piscina de 4,20 m de largo por 2,50 m de ancho. “La idea es ponerle un sistema de corriente continua para que puedas nadar contra la corriente y entonces es como si tuvieras una piscina infinita”, explica. En esta dependencia de la casa también habrá una barbacoa de construcción y una ducha con el techo despejado.

Cabe destacar también que la casa tendrá un ascensor que recorrerá desde la planta baja a la cuarta (por normativa no podía subir hasta el ático) y que todas las plantas contarán con sus propias terrazas, que se irán intercalando de izquierda a derecha para obtener el máximo de luz posible.

Aunque será el ático la dependencia de la vivienda que contará con una mayor luminosidad. Un espacio con unas grandes vistas, según las estimaciones del propio Goitia. “Previsiblemente vamos a ver las cinco torres, la sierra de Madrid y prácticamente todo el centro de la capital, aunque hasta que no levantemos el edificio no podremos estar seguro de esto”, asevera.

A pesar de la magnitud del proyecto, el arquitecto se muestra humilde y afirma que ningún edificio (no institucional) tiene el derecho a erigirse como protagonista del barrio. Por este motivo, Goitia ha tomado una serie de medidas para mimetizarse con la zona. “Pensé que quería hacer una casa moderna y contemporánea, pero sin que chirriase. Por eso voy a dividir el edificio en dos y encontrar los ladrillos más similares a los inmuebles colindantes, para restar importancia a los materiales nuevos, fundirme con sus fachadas y poner en valor a los otros dos edificios también”, narra el arquitecto.

“Me apetece contar este proyecto desde el principio, disfrutar de todo el proceso de construcción como arquitecto que soy. También buscamos animar a la gente a que entiendan que cualquier solar, cualquier inmueble, por extraño o pequeño que sea, tenga el problema que tenga, siempre tiene una salida y una segunda vida”, concluye.