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Así se rehabilita la Quinta de Torre Arias, un palacio de Madrid que refleja la historia de la nobleza española

Autor: Cuántico Visual (colaborador de idealista news)

“La Quinta es una posesión magnífica, con extenso campo, poblada de árboles y embellecida con elegante jardín. Semejante a las casas de campo inglesas, haría un papel airoso en los alrededores de Londres. Los condes de Torre Arias suelen pasar en la finca las temporadas de primavera”.

Así se describía en las páginas de la publicación Mundo Gráfico, en 1912, la Quinta de Torre Arias, el complejo formado por un palacio, caballerizas y otros edificios menores, además de por unos extensos jardines con profusión de especies vegetales. Su importancia para el patrimonio histórico y arquitectónico de Madrid radica en que es un ejemplo vivo de las quintas de recreo que la alta nobleza y burguesía a las afueras de las grandes urbes para descansar. Tras varios años abandonada a su suerte, ahora el Ayuntamiento de Madrid la está rehabilitando para que pueda ser disfrutada por todos los ciudadanos.

La historia de la Quinta de Torre Arias, y la de sus propietarios, es la historia de la nobleza y los Grandes de España: en los salones de su palacio han tomado el té y han danzado algunos de los más poderosos hombres y mujeres de España, e incluso en alguna de las recepciones allí celebradas estuvieron presentes los reyes D. Alfonso XIII y doña Victoria Eugenia.

La finca se encuentra en el distrito de San Blas-Canillejas, relativamente cerca del Estadio Wanda Metropolitano. Pero, al contrario que el campo del Atlético de Madrid, la historia de la Quinta se remonta varios siglos atrás. Concretamente, el germen de la finca estaría en las tierras que fue acumulando el I conde de Villamor, García de Alvarado Velasco, entre 1580 y 1602. Y el actual palacio probablemente se construyó en esa época.

A lo largo de los siglos, condes, duques, marqueses e incluso órdenes religiosas habitaron los edificios de la conocida hoy como Quinta de Torre Arias, pero que a lo largo de la historia ha ido cambiando de nomenclatura al ritmo en que su propiedad cambiaba de manos entre las familias la alta alcurnia. Por poner un ejemplo, y como explica Miguel Lasso de la Vega Zamora, antiguo director del Servicio Histórico del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, en su exhaustivo estudio sobre las quintas de recreo en torno a Madrid: alrededor de 1847, “D. José Álvarez de Toledo y Silva, luego 18º Duque de Medina Sidonia, 12º de Fernandina, 14º de Villafranca y los Vélez, etc., Caballero de Calatrava, del Toisón de Oro y de Carlos III, Senador del Reino (1826-1900) […] vendió la finca recreativa y la posesión inmediata de 253 fanegas, a otro grande de España, D. Manuel de Acuña y Dewitte, 10º marqués de Bedmar, 8º de Escalona, y Casafuerte, 9º de Prado y 8º de Villanueva de las Torres, 11º Conde de Óbidos y 9º de Granedo, también Senador del Reino”. ¿El precio de compra? 240.000 reales de vellón.

Así, en esa época, pasó a ser conocida como Quinta de Bedmar. Benito Pérez Galdós mencionaba la posesión de Bedmar, junto las de Vista Alegre, Montijo y la Alameda de Osuna como una de las cuatro más célebres de las proximidades de Madrid, nacidas del “capital abundante y la paciencia”, en su obra “La familia de León Roch”.

El nombre actual de la finca, Quita de Torre Arias, proviene del título nobiliario de la última estirpe de nobles que adquirió el complejo. En concreto, María de los Dolores de Salabert Arteaga, VIII marquesa de la Torre de Esteban Hambrán, quien contrajo matrimonio en 1887 con el VI conde de Torre Arias, Ildefonso Pérez de Guzmán el Bueno.

Su descendiente, Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno Seebacher, fue la última persona de alta alcurnia que disfrutó de la Quinta. Un convenio firmado en 1985 entre el Ayuntamiento de Madrid y los condes de Torre Arias estableció que la Quinta de Canillejas pasase a propiedad municipal a cambio de unos terrenos, hecho que sucedió en 2012, tras la muerte de la condesa. Desde entonces, la Quinta de Torre Arias ha ido marchitándose año tras año… hasta ahora.

Importancia para el patrimonio de Madrid

“Como decía Víctor Hugo, la arquitectura es el gran libro de nuestra Historia”, cita Paloma Sobrini, directora de Arquitectura y Patrimonio del Ayuntamiento de Madrid, a la hora de destacar la importancia de la rehabilitación de la Quinta de Torre Arias.

“La rehabilitación se ha abordado con un respeto integral a lo que había”, explica Sobrini, quien insiste en que “todas las piezas están perfectamente identificadas y perfectamente almacenadas. No hay una sola pieza que se haya destruido”.

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, acudió a principios de octubre al complejo palaciego para dar un doble anuncio: las obras estarán finalizadas en la primavera de 2021 y, además, los vecinos del distrito participarán en la decisión sobre el uso que tendrán los edificios.

Porque las actuales obras de rehabilitación solo contemplan actuaciones de consolidación estructural que tienen como objetivo afianzar y devolver la estabilidad y la estructura de las construcciones. Es decir, tras esta fase, debería comenzar otra nueva que adecuase los espacios a su futuro uso, que todavía no está definido.

“Hay que abrir la Quinta de Torre Arias al público”, adelanta Paloma Sobrini. “Se puede llegar a algún tipo de convenio de colaboración público-privada, ya que su mantenimiento va a ser importante. Pero  es fundamental que todos los ciudadanos de Madrid, y de este distrito en particular, puedan disfrutar de estos espacios”.

¿Un espacio museístico? ¿Un centro cultural al estilo de Matadero? ¿Un espacio de ‘coworking’? El próximo capítulo de la Quinta de Torre Arias todavía no está escrito, pero Paloma Sobrini lo tiene claro: “Al patrimonio, o se le da un uso, o muere”.