A pocos pasos de Atocha, en el número dos de la Calle Fuenterrabía, se encuentra uno de los rincones más singulares de Madrid: la Real Fábrica de Tapices. Este edificio, declarado Bien de Interés Cultural, lleva más de 300 años preservando el arte y la tradición del tejido artesanal en España. Desde su fundación en 1721 por orden de Felipe V, y gracias a la habilidad de maestros llegados de Amberes, este organismo ha elaborado y restaurado alfombras y tapices para instituciones tan emblemáticas como el Congreso, el Senado o el Banco de España. Alejandro Klecker, su director general, repasa para idealista/news la historia y el presente de esta histórica institución.