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Cómo alquilar en tiempos de pandemia

El confinamiento domiciliario para evitar contagios del covid-19 ha provocado que muchos españoles se hayan planteado un cambio de vivienda a corto o medio plazo. Una decisión fundamentada en varios motivos: falta de espacio, ausencia de luz y de espacios exteriores, rentas altas, emancipación de la vivienda familiar, insatisfacción con la localización del hogar… cada mudanza tiene sus motivos personales detrás. A través de este artículo, narramos en primera persona la experiencia de una persona que ha alquilado una vivienda en plena pandemia, en idealista, para ayudar a todas aquellas personas que estén pensando también hacerlo.

En mi caso, las razones para buscar una nueva casa en alquiler se basan en una mera cuestión de espacio. Hasta la aparición del coronavirus, mi pareja y yo vivíamos en un estudio de 50 m2 situado en las inmediaciones de Nuevos Ministerios (Madrid) y donde sólo existían dos puertas, la de entrada a la vivienda y la del baño. Al ser una pareja joven y con las oficinas de nuestros respectivos trabajos relativamente cerca, el piso nos ofrecía lo que queríamos: un alquiler no muy elevado, una buena localización, zonas de ocio al alcance de la mano y excelentes conexiones con los diferentes transportes públicos de la capital. La realidad es que entre el trabajo y los fines de semana, que aprovechábamos para visitar a nuestras familias y amigos de la periferia, pasábamos poco tiempo en casa. Es decir, nuestra estancia se resumía en cenar, ver una serie y dormir.

Pero llegó el covid-19 y el confinamiento domiciliario de la población. Durante las primeras semanas, nos adaptamos a la situación, e incluso bromeábamos cuando uno de los dos tenía que hacer una videollamada sentado en el sanitario del baño porque era la única estancia del hogar que tenía puerta y donde había más privacidad. Pero los días fueron pasando y cada día encontrábamos un defecto nuevo al piso que hasta ese momento nos había hecho tan felices. La llegada del verano y el relajamiento de las medidas para contener el virus sirvieron para reconciliarnos con nuestro pequeño estudio. Pero el romance fue sólo un amor de verano. En septiembre de 2020, tomamos la decisión de mudarnos y comenzamos a ver pisos en alquiler.

Ideas claras y paciencia

El primer consejo que puedo dar a la persona que esté pensando también en arrendar un piso es que piense si de verdad quiere hacerlo, sobre todo cuando este cambio incumbe a más de una persona. En mi caso, yo fui el primer en decidirlo, pero hasta que mi pareja no estuvo segura y convencida no comenzamos a ver ningún inmueble. El segundo ‘tip’ es tener muy claro por qué te mudas y qué buscas. Nosotros nos inclinamos por viviendas con más m2 que la nuestra, dentro de la M-30, cerca de nuestras respectivas oficinas (los dos vamos de media dos o tres días a la semana a trabajar allí), a ser posible con alguna zona exterior y con una renta de no más de 150 euros más de lo que pagábamos hasta ese momento.

El tercer consejo se resume en una palabra: paciencia. Alquilar no es lo mismo que comprar, pero también es una decisión muy importante, así que lo mejor es no alterarse por no encontrar lo que buscas enseguida. Mi pareja y yo hicimos una criba a través de idealista por m2, localización y precio. A partir de ahí, comenzamos a guardar en favoritos los que más no gustaban y a descartar los inmuebles que no nos encajaban. En las primeras búsquedas, observamos como el precio de algunos pisos había bajado durante los últimos meses fruto de la pandemia. El siguiente paso fue ponerse en contacto con los anunciantes de los diferentes pisos. En este punto es muy importante tener en cuenta si se trata de un particular o de una agencia inmobiliaria por diferentes motivos, sobre todo, económicos.

Sean particulares o agencias inmobiliarias, la realidad es que es muy sencillo contactar con ellos a través de la herramienta del chat de idealista. Además, el portal inmobiliario también te brinda la posibilidad de realizar una contraoferta al anunciante, una opción muy útil y que nosotros utilizamos para intentar acceder a pisos que escapaban de nuestras posibilidades económicas.

Visitas seguras y respetando el protocolo anticovid

Tras los contactos llegaron las primeras visitas, siempre respetando las medidas anticovid. En nuestro caso, vimos hasta seis pisos (todos ellos de agencia) antes de decidirnos por uno. Todos los comerciales respetaron las medidas anticovid e incluso uno de ellos (con el que finalmente terminamos firmando la operación) nos hizo rellenar un formulario en el que dejábamos constancia de que el trabajador había cumplido con todas las normas seguridad.

Al final, el piso que nos convenció fue uno por el que habíamos realizado una contraoferta a través de la app de idealista, y después de que la comercial nos animara a venir a verlo sin atender al precio de este. El apartamento nos encantó porque las imágenes se correspondían al estado real del inmueble y nos encajaba en lo que pedíamos: un espacio exterior y más m2, sólo faltaba cuadrar el precio. A través de una ficha entregada por la inmobiliaria lanzamos nuestra contraoferta de manera ‘oficial’, tras responder una serie de preguntas (muy estándar casi todas): dónde trabajábamos, dónde vivíamos ahora… Cuestiones para ver también si el perfil del inquilino entraba dentro de los requisitos del propietario.

Un día después ya teníamos el ‘sí’. En este punto, debo de confesar que desde que comenzamos a mirar pisos hasta que obtuvimos el´ok´del propietario del apartamento que queríamos transcurrieron cerca de dos meses y medio. Realizo esta puntualización para enfatizar uno de los consejos: paciencia, porque hay que cuadrar las visitas con tu pareja, con los agentes comerciales (o propietarios), con tu calendario laboral… y hay que tener en cuenta que ahora más que nunca se debe de mantener la limpieza y la higiene en el piso que se va a visitar por el coronavirus y que se espacian más las citas a los interesados.

Un pequeño colchón de ahorro

Con el ‘ok’ del propietario todo parecía encarrilado, pero la realidad es que todavía faltaba un largo viaje (con un temporal de nieve de por medio). Primero tuvimos que comunicar a nuestro casero que abandonábamos el inmueble. La relación con él era muy fluida y no nos puso ningún problema. Teníamos una fianza de 800 euros, pero decidimos renunciar a ella a cambio de no pagar el último mes de arrendamiento (aunque sólo íbamos a estar hasta el día 15) y de que se cobrara de esa cantidad la luz y el agua que quedara por abonar. A pesar de la confianza mutua lo dejamos por escrito. Es muy importante que este tipo de compromisos queden negro sobre blanco.

El siguiente paso fue comunicar la fecha de entrada a la inmobiliaria, al propietario y comenzar a desembolsar algunas cantidades. Otra de las cosas que debes tener claras es que aunque alquilar no es lo mismo comprar, sí es cierto que debes de tener un pequeño colchón de ahorro para afrontar una serie de gastos, sobre todo si el contrato se hace a través de una agencia. En este caso (como lo fue el nuestro) debes de abonar a la inmobiliaria sus honorarios: un mes de arrendamiento. Tras la firma de contrato, debes de pagar la fianza y el primer mes (si te mudas a mediados como nos pasó a nosotros deberás de pagar la parte correspondiente de los días que disfrutarás de la vivienda hasta que comience el nuevo mes). Además, en algunos casos, el propietario solicita otro mes adicional como ‘depósito de confianza’. Es decir, debes de calcular que puedes llegar a pagar de entrada el precio del alquiler multiplicado por cuatro.

La firma de nuestro contrato se produjo en el mismo inmueble y estuvieron presentes la agencia, la propietaria (era una mujer), mi pareja y yo. Se firmaron hasta tres copias del contrato que fue previamente revisado el día anterior por la propiedad y por nosotros. Confieso que se mantuvieron las distancias de seguridad, que en todo momento llevamos puesta la mascarilla, que estaban abiertas las ventanas del piso para ventilar y que cada uno utilizó un bolígrafo para minimizar los riesgos del contagio. Más allá del protocolo anticovid, recomiendo a todos lo que busquen un piso de alquiler revisar más de una vez el contrato antes de firmarlo y chequear todo con el propietario. En nuestro caso, comprobamos uno por uno todo el mobiliario que se quedaba en el piso y el que se iba a llevar la propietaria para fijar así un inventario final.

Planificar la mudanza

Ya sólo quedaba una cosa: la mudanza. Aconsejo ser previsor y no dejar todo para el último día. Doy fe que en un piso de 50 m2 pueden salir más de 20 cajas de cosas, aparte de los muebles que sean tuyos y quieras trasladar también. Después de convertir tu casa en una especie de fuerte del antiguo oeste hecho de cajas cartón tienes que decidir si contratas a una empresa de mudanza o alquilas tú una furgoneta/camión para hacer el trabajo. Nosotros optamos por la primera opción porque el dinero que inviertes nos compensaba, mas teniendo en cuenta los muebles (algunos de gran envergadura) que había que transportar.

Otro ‘tip’ para tu futura mudanza: consulta el parte meteorológico, porque te puedes llevar alguna sorpresa como Filomena. A las trabas de una mudanza en plena pandemia se unió también la mayor nevada en Madrid en los últimos 50 años. Los contratiempos temporales nos hicieron quedarnos otra semana más en la antigua casa y retrasar el cambio. La buena relación y el estar siempre al corriente de pago fueron claves para que la propietaria no tuviera ningún problema en dejarnos estar siete días más en la vivienda.

Por fin, una semana más tarde de lo previsto nos instalamos en nuestra nueva casa, después de una mudanza muy profesional. Ya sólo quedaba cambiar la titularidad del gas y del agua y disfrutar de una nueva vivienda adaptada a nuestras nuevas preferencias, aceleradas por la pandemia del covid- 19.

En definitiva, y respondiendo a la pregunta inicial: ¿cómo alquilar en tiempos de pandemia? Igual que antes, pero con más precauciones para evitar contagios, mejores herramientas tecnológicas y con precios más competitivos en lugares tan importantes como Madrid. Nuestro balance ha sido muy positivo, porque nos hemos encontrado con un sector muy profesionalizado gracias a la intervención de las agencias, un piso al que antes del covid-19 no hubiéramos podido acceder, mayores medidas higiénicas y un sinfín de herramientas para poder visitar de manera virtual el inmueble, contra ofertar el precio inicial o hablar directamente con el anunciante. Mi último consejo es que su alquiler no sea impulsivo y sí algo meditado. En nuestro caso, la pandemia nos hizo darnos cuenta de que necesitábamos más espacio, pero no sólo por el confinamiento, sino por un cambio de etapa en nuestras vidas. El virus sólo fue un incentivo o un acelerador de esta tendencia y por eso estábamos seguros de que no nos íbamos a arrepentir.