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Aristóbulo de Juan: “Es normal que los bancos concedan menos hipotecas y las encarezcan”

Aristóbulo de Juan es uno de los mayores expertos del sector financiero nacional e internacional, tras más de medio siglo de trayectoria a sus espaldas.

Vivió de primera mano la crisis bancaria de los años 80, primero al frente del Fondo de Garantía de Depósitos y después como director general del Banco de España, en cuya órbita trabajó más de ocho años. Esa fue su catapulta para trabajar en Washington como Asesor Financiero del Banco Mundial.

Desde hace tres décadas ha presidido un despacho especializado en temas relacionados con el sector y su supervisión. Como tal, ha asesorado a bancos y Gobiernos de más de 30 países y ha dado conferencias en algunas de las Universidades más prestigiosas del mundo (Oxford, Harvard y Yale), así como en organismos de la talla del FMI, la Reserva Federal, el Banco Central de Rusia y el de China. También ha escrito varios libros.

idealista/news le entrevista para conocer cómo está actualmente la banca española, qué ha cambiado tras la crisis, qué queda por hacer y qué pasará con una de las variables más importantes para el futuro del sector inmobiliario: las hipotecas para la compra de vivienda.

¿Cómo está actualmente la banca española?

La veo mejor que hace 10 años, porque medidas se han tomado, pero la sigo viendo vulnerable. Se han hecho deberes, pero no del todo. Ante una nueva crisis, que no es improbable, no sería lo mismo que afectase a un sistema sólido que puede capear el temporal, que a un sistema que siga teniendo problemas.

¿Qué problemas?

En mi opinión, todavía faltan provisiones por hacer, sobre todo en lo que se refiere a activos tóxicos. Es más, se está recurriendo desde hace años a algo que creo que es malo. En vez de hacer provisiones según se van identificando las pérdidas esperadas, se espera a tener acumuladas pérdidas incurridas para hacer una ampliación de capital. Y cuando esa ampliación de capital va destinada a cubrir agujeros, no es capital. Es sólo liquidez, por lo que no sanea a los bancos. Esta es una práctica que está extendida en toda Europa.

Pero para vigilar al sector está el Banco de España...

Por supuesto, pero yo veo que, bajo la egida del Banco Central Europeo, la supervisión ha caído en desgracia. Y ahora estamos con la herencia de ese caer en desgracia. 

¿Por qué?

Durante un tiempo, en España no se quiso reconocer la realidad de la crisis. Inicialmente, se pensó que la crisis inmobiliaria iba a durar un par de años. Además, las autoridades consideraron como objetivo básico el no gastar dinero público, algo admirable, pero imposible.  Y todo ello, en el firme propósito de no contradecir la imagen de que teníamos el mejor sistema bancario y la mejor supervisión.  Toda esa presión caía sobre el Banco de España, lo cual hacía que la supervisión fuera deficiente.

¿Siempre ha sido así?

Cuando llegué yo al Banco de España después de haber estado lidiando con ‘cadáveres financieros’ en el Fondo de Garantía de Depósitos, veía los problemas con mucha facilidad, como si tuviera rayos X en los ojos, y proponía soluciones. Nunca dormí mejor que durante la crisis de los años 80.  Estaba convencido de lo que tenía que hacer. Cortar por lo sano sale mucho más barato.  La paradoja es que a veces encontraba cierta resistencia dentro del propio Banco de España. Eran sectores que no habían visto venir la crisis.

¿Ha cambiado algo al ser el BCE el supervisor de la gran banca de la eurozona?

El Banco Central Europeo (BCE) es ahora responsable de la supervisión de la mayoría de los sistemas europeos, pero no se ha notado su eficacia. Por ejemplo, Banco Popular cayó en 2017 y no se habían percatado de que estaba muy mal. Y una entidad no se descapitaliza y pierde 8.000 millones en un año. Es fruto de pérdidas que han sido ignoradas por supervisores y auditores durante años.

¿Qué es lo que falla?

La nueva regulación postcrisis y la nueva supervisión son laxas por varias razones. Una de ellas es la falta de experiencia, pero más importante que eso es que cuando tratas de homogeneizar regulaciones, prácticas y experiencias de varios países que no se pueden homogeneizar, lo que se hace es confluir con aquellos que son más laxos. Al igual que la Unión Europea tiene problemas después de 60 años de su creación, esta situación puede tardar en solucionarse, mientras tanto…

¿Qué opina de la nueva fórmula de rescatar bancos?

Yo veo que el sistema de resolución que ha creado Frankfurt no es bueno. Está en fase experimental y todavía es muy inmaduro, además de opaco. Organiza los entierros, a costa de otros, pero no los evita.

¿Cómo valora las políticas actuales del BCE?

Soy crítico con la política del BCE. Desde hace años su política se basa en insuflar cantidades ingentes de dinero a tipos nulos. Fue providencial por un tiempo, pero ya no, y menos en un contexto de laxitud en la vigilancia de las solvencias. Tiene sus riesgos.

¿Qué riesgos?

La liquidez impide ver la insolvencia. Si Karl Marx decía que la religión era el opio del pueblo, yo digo que el exceso de liquidez es el opio del banquero, porque le impide valorar el riesgo.

Pero los test de estrés dicen que el sector está muy sano...

Los test de estrés no sirven para mucho, porque están construidos sobre modelos que hacen las propias entidades. Cuando un banco va bien, es transparente, pero, cuando va mal, oculta los problemas. Y si le encomiendas que haga él los modelos y los test de estrés, los resultados no sirven de nada.

Si los modelos estuvieran bien inspeccionados y esos test analizaran bien la calidad de los activos, que es la clave de la supervisión, me valdrían, pero yo creo que no es así.

De hecho, sus resultados han fracasado en no pocas ocasiones. Diagnosticaron que la banca irlandesa estaba bien, que Popular estaba bien... Uno de los errores que cometen es que, al priorizar el futuro, olvidan el presente.

Pero cuando suban los tipos de interés los bancos recibirán un balón de oxígeno, ¿no?

Se van a producir problemas. Habrá deudores que no podrán pagar los nuevos tipos. Y los bancos verán encarecerse sus recursos. 

Entonces, ¿se están arriesgando los bancos a la hora de conceder hipotecas?

Hay bancos que, con tal de desprenderse de sus activos inmobiliarios, están ofreciendo hipotecas por cuantías superiores al 80% del bien hipotecado y a veces alcanza el 100%. Y esto es arriesgado cuando va más allá de la capacidad de pago de quien recibe el crédito.

Una cosa muy importante es que los préstamos nunca se deben dar en función de las garantías, sino en función de la capacidad de repago del deudor. La garantía solo debe buscarse por si acaso, pero no es una razón para conceder el crédito. Yo viví en Suiza antes de ser banquero y allí no te daban un crédito si la mensualidad suponía más de un 30% de tu sueldo.

También es cierto que se han dejado de dar préstamos hipotecarios para las vacaciones, las bodas... el cambio de coche. Esto sí se ha corregido.

Con el lío del AJD, la llegada de la nueva ley hipotecaria, ¿se encarecerán los préstamos?

Toda empresa a la que le suben los costes tiene tendencia a repercutirlo en los precios. Y, en el caso de un banco, se preguntará: ¿doy menos hipotecas? Pues es probable. ¿Las encarezco? Seguramente. Eso es normal.

Los bancos han vendido mucho ladrillo, ¿se ha terminado el problema?

Han vendido mucho, sí, pero aún les queda. Si los bancos han estado años sin liquidar los activos tóxicos, ¿por qué ha sido? Precisamente porque no estaban bien provisionados y si los vendían a precio de mercado, tenían que materializar la pérdida.

Tengo además otra teoría. Si están bien provisionados, ¿para qué necesitas venderlos mediante vehículos especiales y con unas comisiones altísimas, como se está haciendo últimamente?  Tengo dudas de que se esté segregando realmente el riesgo de los balances. Si esa segregación de riesgos es real, bendita sea, pero convendría mirar de cerca estas operaciones.

¿Pero se han producido cambios positivos?

Sí, y daré varoios ejemplos. Antes de la crisis, se aplicaban dos legislaciones paralelas. Una para bancos y otra para las cajas de ahorros. Ésta permitía a las CCAA, además de nombrar consejeros, gobernar las fusiones, y todavía sigue vigente. Pero no tiene efectos, porque la mayoría de las entidades financieras se han convertido en bancos.

Otro factor positivo es la renovación de las cúpulas directivas, receta clave contra las malas prácticas. Además, los bancos se han capitalizado, sobre todo a partir de 2012 cuando el Gobierno pidió 43.000 millones de euros. Fue una cantidad necesaria, pero insuficiente.

Pero no se va a recuperar todo el dinero del rescate...

Desde luego que no. Es verdad que fue un salvavidas para una masa de depositantes que era la mitad del sistema financiero.  Aunque, de paso, ayudó a no pocos bancos. Nunca se recuperan los rescates, ni aquí ni en ningún país. Y lo que no se recupera lo paga el contribuyente.

Entonces, ¿aprueba ese modelo?

No. Fue tardío, caro e insuficiente. Y la supervisión no fue rigurosa. 

¿Es partidario de que se sigan haciendo fusiones?

Si las dos entidades fusionadas están sanas. O si una de las dos está bien gestionada y suficientemente capitalizada y hay conciencia de cuál es la fuerte y cuál es la débil, podría resolver el problema del débil. Pero si no es así, yo sería contrario.

En todo caso, soy contrario a las entidades sistémicas si es por motivos políticos o simplemente por ganar tamaño. Las entidades sistémicas son muy difíciles de gestionar y supervisar, e imposibles de cerrar.

En los últimos años ha habido propuestas políticas sobre crear una banca pública, ¿tiene sentido?

Para mí, no.  Pasé tres años en el Banco Mundial examinando bancos de muchos países. Y pude comprobar que, país donde había bancos del Estado, país donde había unas pérdidas voluminosas y una corrupción mayor. Por tanto, yo no soy partidario.

¿Qué pasará con Bankia?

Hay dos corrientes de pensamiento. Una favorable a privatizar cuanto antes, aunque se pierda dinero, para evitar la presión de la nacionalización.  Y otra que propone esperar con el fin de recuperar más, e ir haciendo mientras ventas pequeñas. En el caso de Bankia, y como el equipo gestor es bueno, soy partidario de que se vaya vendiendo la participación del Estado poco a poco y se gane tiempo. En todo caso, soy enemigo de la nacionalización.

¿Qué retos tiene por delante la banca?

El primero sería recuperar la rentabilidad y liquidar los activos improductivos, aunque sea con pérdidas.

También creo que queda mucho por hacer en términos de transparencia y, sobre todo, eficiencia. Lo cual supone seguir reduciendo gastos generales: sucursales, empleos y sueldos. Es un ajuste grande el que se ha hecho. Equivale, más o menos, al crecimiento desmesurado que se había producido antes de la crisis.

Otro reto importante es resucitar la supervisión. Eso no solo es bueno para el supervisor, sino también para los bancos, para que cuando llegue la inspección puedan decir “anda, qué bien está todo”.