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Por qué los eurobonos no son la mejor respuesta al coronavirus... según Alemania y Holanda

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Autor: Redacción

Son muchas las señales de fractura que hay en Europa. Muchos y muy diferentes países, gobiernos de distintos colores, presupuestos que dan más peso a la austeridad y otros que ponen el foco en el gasto público... Pero si hay una palabra que pone sobre la mesa las discrepancias en el seno de la Unión Europea es la de los famosos eurobonos.

Se trata de un mecanismo que permite mutualizar la deuda de todos los países para que el conjunto de los estados miembros pueda financiarse a unas condiciones ventajosas y con el respaldo comunitario en caso de impago. Es una fórmula que ya estuvo sobre la mesa durante la crisis de deuda (entre 2010 y 2012), pero que no llegó a salir adelante por la negativa de países como Alemania y Holanda.

Pero en las últimas semanas, en plena crisis provocada por el coronavirus, los eurobonos han vuelto a salir del cajón europeo, rebautizados esta vez como ‘coronabonos’. Y, de nuevo, se ha topado con la oposición de los socios centroeuropeos, los paladines de la austeridad en el Viejo Continente.

A pesar de que los Gobiernos de España, Italia y otros países, con el visto bueno de Francia, han exigido a Bruselas en las últimas semanas la activación de este mecanismo, el bloque del centro del continente lo ha impedido y ha apostado por utilizar el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) para conceder préstamos ‘blandos’ a los socios que necesiten ayuda. En principio, cada país podrá optar a un importe equivalente al 2% de su PIB, aunque en el caso de España y Italia (los dos países con más infectados y fallecidos por el covid-19 hasta la fecha), la cifra podría ser superior. Los cálculos apuntan a que el Gobierno de Pedro Sánchez podría solicitar hasta 35.000 millones de euros a ese ‘fondo de rescate’ europeo.

Pero ¿por qué no sale adelante este instrumento que permitiría ayudar a cualquier socio comunitario en problemas? Para responder a esta pregunta vamos a repasar qué posición tiene cada bando.

Por un lado, los países del sur creen que los coronabonos son la mejor respuesta que puede dar Europa a esta crisis (y otras venideras), utilizando argumentos políticos y económicos como que evitaría que los países más afectados disparen su endeudamiento público para poder dar ayudas a familias y empresas, o que sería la mejor señal de que realmente Europa está unida en la contención de la pandemia.

Por otro lado, y a pesar de que están dispuestos a respaldar a los países más afectados, los países del centro del continente ven en los eurobonos más riesgos que ventajas y más injusticia que solidaridad. Una postura que también está respaldada por argumentos políticos y económicos.

Y es que el apoyo al proyecto europeo no solo podría perder fuerza en España, Italia o Francia por no activar este instrumento común, sino que también podría hacerlo en Alemania, Austria, Holanda o Finlandia si finalmente se articula. Mutualizar la deuda siempre ha sido una línea roja para esos países, que no están dispuestos a permitir que los socios que todavía arrastran desequilibrios en el déficit o la deuda puedan financiarse a los mismos tipos de interés ultrabajos que aquellos que han hecho los deberes económicos y han tenido que pedir austeridad a sus ciudadanos para conseguirlo. Además, son los países más ahorradores, mientras que los del sur son los más endeudados.

Como muestra, este botón: actualmente la rentabilidad de los bonos a 10 años de Grecia se mueve en torno al 1,9%, mientras que en el caso de España se sitúa en el 0,7% y en el de Alemania, en el-0,3%. Los inversores exigen a cada país un interés diferente en función de su solvencia. Además, Alemania y Holanda encabezan la tasa de ahorro en Europa con más de un 15% de la renta disponible de los hogares, mientras que en España la cifra no llega al 5%.

En líneas generales, el problema que esconden los eurobonos es que su rechazo provoca que el sur se sienta desprotegido, mientras que su aprobación haría que los países del centro y del norte se sintieran explotados, lo que supondría un riesgo para el futuro de la Unión Europea, sobre todo después del Brexit y con los partidos antieuropeos creciendo en todo el continente.

Por eso, los contrarios a los eurobonos creen que el error que están cometiendo los defensores es pensar que es la única y la mejor forma de compartir la carga financiera de la pandemia, así como no tener en cuenta que el entramado legal para ponerlos en marcha podría tardar años en diseñarse. También defienden que ya hay una alternativa que ya está a pleno rendimiento: el Mecanismo Europeo de Estabilidad, un cortafuegos creado para contener crisis de todo tipo y que será el encargado de conceder los préstamos a los países que lo necesiten.

¿Y por qué el MEDE no cuenta con el beneplácito de los países del sur? La razón es que los préstamos que reciban a través del fondo aumentarán todavía más la deuda pública (en Italia supera el 139% del PIB y la de España podría pasar del 98% del PIB actual al 110-115%, según calculan los economistas). Como consecuencia, temen tener que aplicar más recortes en el futuro y que la situación acabe en un rescate internacional como sucedió hace unos años con Grecia o Portugal.

A pesar de estos temores, está previsto que los préstamos estén sujetos a un tipo de interés muy reducido y que también se puedan poner en marcha algunas subvenciones directas, como propone Holanda.

Con todo, parece que Europa tendrá que volver a retrasar el debate sobre los eurobonos y que, para salir adelante, habrá que cambiar el modelo que se ha planteado hasta ahora. Según Financial Times, la Comisión Europea podría financiarse en los mercados a través de esta fórmula con un presupuesto mayor, más capital y sus propios recursos, y siempre que los políticos de cada país hayan conseguido el visto bueno de sus ciudadanos y votantes.